Deóbriga. Mirandesa, autrigona y de ésta, nuestra república independiente

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PRIMERA PARTE
Ésta bien podría ser una pequeña colección de historias a borbotones intentando recuperar nuestra identidad arcaica y observar cómo otros se duermen en los laureles. Si no salen las "afotos" estaremos en ello, porque para vaskitos listos y castellanos de ribera baja somos palurdos desmemoriados...
Y un jamón.

Una ciudad en ruinas
24.10.10
CRISTINA ORTIZ |
La Junta ha sido insensible a la solicitud de declarar el yacimiento de Arce-Mirapérez un Bien de Interés Cultural
La falta de apoyos hace que Deóbriga siga enterrada siglos después de los primeros estudios sobre su importancia. Historia e industrialización viven enfrentadas desde hace décadas en la ciudad y, hasta ahora, empresas e infraestructuras han salido victoriosas frente a la arqueología en las distintas batallas que se han librado sobre el yacimiento de Arce-Mirapérez.
Las máquinas han entrado sin miramiento con anterioridad en algunas partes de las 26 hectáreas que ocultan bajo su suelo los vestigios de lo que fue Deóbriga, el embrión de Miranda. Los estudios realizados por distintos historiadores en varias épocas recogen los impactos que sobre la zona han tenido los trabajos agrícolas, pero sobre todo los industriales, como la construcción de un gasoducto en la década de los 90 para la papelera o la propia ubicación en el entorno de las plantas de Montefibre y Fefasa (Rottneros en su última etapa).
Circunstancias a las que ya aludió el arqueólogo Rafael Varón, en un artículo aparecido en Estudios Mirandeses 2008, de la Fundación Cantera. En su opinión, «el desmedido interés por una rápida industrialización de la comarca mirandesa, acabó en aquel momento con un sector del yacimiento de época romana, aunque no podamos llegar a cuantificar en qué extensión».
Pero los suyos, aunque sean los últimos, no son los únicos trabajos que se han realizado para demostrar la existencia de unos restos de gran valor. Con anterioridad, unos cuantos trataron de poner el foco de atención sobre Arce-Mirapérez, aunque sin éxito, ya que nunca ha existido un proyecto para ponerlo en valor y dotarlo de la entidad que sí tienen ahora espacios como Clunia o Numancia.
El primero sobre el que hay referencias históricas fue Diego Lorenzo Prestamero, quien, según recoge Varón en su tesis, fue «quien dio a conocer el yacimiento a la incipiente comunidad científica del siglo XVIII».
El testigo lo tomó Remigio Salomón que recogió su actuación en el Semanario Pintoresco Español en 1854. Su trabajo de campo, además de hallar restos de mosaicos y pavimentos, le permitió exhumar una pequeña estatua de bronce de 15 centímetros que podía representar a Palas Atenea y que hoy está desaparecida. Cuatro décadas después fue Teodoro Sáez quien escribe sobre Arce y habla de la presencia de dos necrópolis, un acueducto e infinidad de monedas. Elementos todos ellos que prueban «su antigüedad».
No hay noticias que atestigüen otro trabajo hasta casi un siglo después, cuando -según recoge el estudio de Varón- en 1973 José María Solana retomó las excavaciones con el objetivo de «localizar con precisión el sitio exacto del hábitat».
Pero no fue hasta 2 años después cuando la investigación toma cuerpo con la publicación de la 'Carta Arqueológica Provincial de Miranda de Ebro' de José Antonio Abásolo que descubría, según el autor, «la necrópolis celtibérica del poblado».
Una antigüedad que vendría a confirmarse ahora gracias a los hallazgos de las excavaciones que se realizan en este momento en una zona reservada para el paso del vial de Ircio y que, si nada o nadie lo remedia, sepultará el ángulo noroccidental de Arce-Mirapérez.
Olvido y obras
Tras esas actuaciones arqueológicas que se concentraron en los años 70, la zona volvió a caer en el olvido en lo que a la tarea investigadora e histórica se refiere. No sucedió lo mismo con la actividad urbanística que llegó a los márgenes de valor arqueológico, «afectando a zonas importantes del yacimiento sin que se produjese ningún tipo de control sobre los posibles daños causados al mismo», como reconoce el extenso estudio de Varón.
Entre esos destrozos, se apunta al trazado de la carretera de enlace de la BU-740 con el Polígono Industrial de Bayas como causante de la desaparición de una necrópolis. A esto, se suma la construcción de una urbanización paralela a la carretera en el flanco norte del núcleo urbano de época romana.
No han sido las únicas agresiones al patrimonio, con el agravante de que las más recientes se han realizado cuando ya se había inventariado y delimitado el área de protección de yacimiento y se había incluido en los instrumentos de ordenación urbanística local.
Y puede haber más si sigue adelanta la ampliación de la calzada de la carretera de Logroño -actualmente en estudio informativo y del que el PP mirandés ha pedido su paralización- se sepultarían 10.000 metros cuadrados de las 26 hectáreas en la que se estima hay valor arqueológico. Pero es algo que ya se sabía y que Varón, en palabras que El CORREO recogió en febrero de 2009, ya advirtió.


A la espera de ser BIC
Desde hace algo más de una década ha sido prácticamente este arqueólogo mirandés el único que ha trabajado ahí, acompañado, evidentemente, de un equipo de especialistas en varias ocasiones y de voluntarios en otras, como en 1999. Ya entonces, las conclusiones del estudio remitido a la Junta apostaban por declarar el yacimiento Bien de Interés Cultural (BIC) y advertían del peligro de la urbanización de la zona en lo referido a la construcción de un vial para unir los polígonos de Bayas e Ircio, así como la instalación de una Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR).
Advertencias todas ellas hechas públicas y que han caído en saco roto, pese a las denuncias interpuestas ante Patrimonio. La depuradora lleva varios años en funcionamiento y quedan apenas 300 metros de carretera por construir para unir los dos parques industriales.
Y eso, que excavaciones arqueológicas para saber lo que entierra ese suelo ha habido, dando como resultado además constancia de su valor.
Sólo la de 2004 logró imponerse al proyecto de construcción de un polígono industrial en terrenos de Rottneros. Tal y como recogió este periódico, un año más tarde, en abril Patrimonio descartó su construcción. En ese mismo ejercicio, se volvió a trabajar para comprobar la afección que tendría en el yacimiento la construcción del vial. Se demostró que afectaría y se varió su trazado aunque no lo suficiente para bordear el área arqueológica. Pero aún se podría reformar el proyecto en opinión, por ejemplo, del colectivo de arquitectos de la ciudad, o del constructor José Luis Montes que, en este periódico, han hecho pública su preocupación por los daños irreversibles que la obra puede causar.
En 2006 se volvió a intervenir «de urgencia» por los perjuicios que la construcción de una rotonda en la carretera de Logroño estaba provocando. Y ahora se trabaja allí de nuevo para documentar y salvar aquello que va a ser sepultado por el vial de Ircio, para el que Gesturcal solicitó licencia de construcción en enero de 2009. Aunque la obras no empezaron hasta 14 meses después, en marzo de este año.
Expertos y estudiosos no dudan a estas alturas de la importancia de un yacimiento del que se tiene constancia escrita hace varios siglos y del que ya reclamaron en 2007 su protección a las instituciones en declaraciones recogidas en este medio el 6 de junio. pero no hay administración que apueste por ponerlo en valor, pese a que en su defensa se pueda argumentar que sería una fuente de riqueza cultural capaz de generar empleo, potenciar la investigación y atraer turismo, y todo ello apostando por valores de sostenibilidad.


Murallas y un foso celtibéricos
Los nuevos hallazgos permitirán reconocer a Deóbriga como el lugar con las ruinas de esa época más importantes de Castilla y León
24.10.10 - C. ORTIZ
Una puerta de acceso al poblado, parte de un foso defensivo y restos de unas murallas halladas durante la actual campaña de excavación en Arce-Mirapérez permiten identificar a Deóbriga como el lugar que alberga «las ruinas celtibéricas más importantes de la comunidad». Un dato que figura en el dossier que el constructor mirandés José Luis Montes remitió hace unos días a los máximos representantes de las administraciones que podrían tener algo que decir.
Entre ellos se encuentran Juan Vicente Herrera, Vicente Orden Vigara, Fernando Campo, Julián Simón de la Torre, Borja Suárez y Enrique Saíz, director regional de Patrimonio. A todos ellos, dada la trascendencia de los restos encontrados, les cuestiona «cómo es posible que miren hacia otro lado cuando se van a destruir las ruinas».
Hoy, cuando apenas se ha profundizado en lo que pudo representar el asentamiento para la historia del entorno, ya se sabe que «el castro celtibérico y la posterior ciudad romana están asentadas sobre una superficie de 26 hectáreas» que llegaría a tener unos 6.500 habitantes -250 por hectárea- en el momento de mayor auge. Superficie que delimitan las vías romanas (cardos y decumanos) que se cruzan en ángulo recto siguiendo los puntos cardinales.
Constancias que, en su opinión, hacen de Arce- Mirapérez «un gran asentamiento poblacional cuyas ruinas merecen ser salvadas de la destrucción».
Y para ello, estudiadas. Ya antes del giro dado con la excavación actual, Varón reconocía que «la investigación sigue siendo incompleta» y deberá hacerse en el futuro.
Por lo que ya se sabía -porque sobre lo ahora ha aparecido la Junta guarda silencio- Arce-Mirapérez acoge la antigua ciudad de Deóbriga. Un asentamiento de tipo urbano, «con una retícula octogonal bien definida que empezaría su andadura entre el final de las Guerras Cántabras y el cambio de era para eclosionar pasada la mitad del siglo I d.C., probablemente en relación con el edito de Latinidad de Vespasiano y se mantendría en vigor, al menos en su etapa romana y en el área analizada, hasta el siglo V d.C.».
Teoría que en su momento recogió Rafael Varón en las conclusiones de su tesis y que ahora tendrá que revisar al amparo de los nuevos hallazgos.
De lo que no tiene duda es de que la identificación de esta nueva ciudad así como su inclusión en las investigaciones sobre modelos de asentamiento «ayudarán a complementar, al menos, el panorama de la Romanización del Norte de Hispania».

Vista general del yacimiento de Arce-Mirapérez desde los pies del cerro El Infierno. La aldea de Arce se ubica a la derecha de la fotografía.

Datos Generales
Ubicación
42°40′36″N2°54′10″OCoordenadas: 42°40′36″N 2°54′10″O

Habitantes Previamente,autrigones

Fundación En torno al s. III a.C.

Desaparición En torno al siglo V

Provincia Tarraconense

Administración
Correspondencia actual Miranda de Ebro
España

Deóbriga es el nombre de una ciudad que ha sido ubicada en el yacimiento arqueológico de Arce-Mirapérez situado en Miranda de Ebro, en la provincia de Burgos(Castilla y León, España).
El conjunto arqueológico de Arce-Mirapérez alberga los restos de época autrigona correspondientes a la citada ciudad de Deóbriga así como su posterior transformación en una ciudad romana. Fue, durante los siglos I y II, una de las principales ciudades de la calzada Ab Asturica Burdigalam. Sobre el yacimiento se localiza actualmente la pequeña aldea de Arce.1

Ubicación
Arce-Mirapérez ocupa paso estratégico debido a que se ubica junto a un antiguo vado en el cauce del río Ebro que permitía cruzarlo. Los restos arqueológicos ocupan una superficie de más de 26 hectáreas delimitadas por los ríos Ebro y Zadorra, una urbanización residencial y una planta papelera (FEFASA). Dista poco más de 3 km de Miranda de Ebro, municipio al que pertenece, y se accede por la carretera de Logroño (BU-740). Los últimos estudios aseveran que en éste yacimiento se encuentra la ciudad de Deóbriga.2
Controversia en su ubicación
Durante años se ha intentado ubicar el punto exacto de Deóbriga entre varias poblaciones. Algunos la fijaron en Puentelarrá,3 otros en Briones,3 o en Cabriana[cita requerida]. Govantes la ubicó en Briñas.3 Este mantuvo que esta ciudad estuvo situada entre dos orillas del Ebro comunicadas por un puente junto a un amplio meandro. Con el tiempo el puente hubiese desaparecido y se hubiera formado varios poblados, en un orilla Dondón y Tondón hoy desaparecidos, con raíz, Deo, Theos y Tono y en la otra Briñas, a partir de la partícula celta briga. El hecho de que no se encontrase ningún resto arqueológico ni fuente documental sobre ésta hipótesis hizo perder fuerza a la tesis de Govantes. Tampoco se sostienen las tesis de Domingo Hergueta y Martín debido a que el material arqueológico al que se refiere es muy reducido.
En las últimas décadas del siglo XX, así como a comienzos del siglo XXI, se intensificaron las prospecciones en el yacimiento de Arce-Mirapérez hasta que en 2004 un estudio arqueológico dirigido por Rafael Varón ubicó este yacimiento la antigua ciudad de Deóbriga.2
Etimología
Algunas fuentes indican que el nombre "Deóbriga" provendría de la unión de la raíz Deo-, cuyo significado tiene que ver con la palabra diosa o divina, y -briga, que significa fortaleza. Otras basándose en que la fundación de Deobriga es atribuida al rey Idubedo, nieto del patriarca Tubal, indican que el final del nombre habría sido dado en honor a su hijo y sucesor Brigo.
Investigaciones
Empedrado y restos del yacimiento (2010).

Base de un muro de una edificación (2010).

A finales del siglo XVIII se llevaron a cabo las primeras prospecciones del yacimiento a cargo de Lorenzo de Prestamero que halló numerosos restos de época romana. A mediados del siglo XIX, Remigio Salomón encontró una pequeña estatua (actualmente en paradero desconocido) de la que documentó, entre otras cosas, lo siguiente:
Uno de los cuatro barrios de Miranda de Ebro, es más distante, es el de Arce-Mirapérez, que se compone de seis medianas casas, y que tiene su asiento no lejos de las Conchas de Haro, en la misma carretera de Bilbao á la Rioja, a pie de un pequeño cerro, dando vista por el O. á una dilatada llanura que fertilizan los ríos Bayas y Ebro.
En lo antiguo se sabe que hubo un monasterio dedicado á Santa María, que se incorporó luego a la de Premostratenses de Bugedo, del cual fue granja hasta la última esclaustración.
En el suelo de Arce-Mirapérez debió de existir un pueblo numeroso en la época de los romanos, porque las tierras próximas se encuentran llenas de sepulcros, de fragmentos infinitos de barro saguntino, de grandes ladrillos redondos y cuadrados, de utensilios de hierro y de cobre y de otras antiguallas curiosas, viéndose todos los años los colonos del barrio disgustadísimos, porque en una extensión de cerca de media legua apenas pueden introducir sus arados, los cuales se embotan en las piedras labradas con que tropiezan, y en los largos y espesos cimientos que hallan casi á la superficie, cuyos terrenos, impregnados demás de partículas de cal, agostan y marchitan los frutosá poco que no acudan las lluvias en la primavera.
Nosotros, al visitar por primera vez las ruinas de Arce-Mirapérez, supimos con sentimiento que nadie había tenido la curiosidad de fijar su atención en ellas, y que el bronce, el hierro y las monedas que parecian se daban á los traperos, como cosas despreciables, por una ó dos libras de peras o por un puñado de castañas.
Desde entonces procuramos adquirir todo lo que se nos proporciona, pagándolo por su justo precio, y formamos el proyecto de emprender a nuestra costa y espensas algunas excavaciones, aunque en pequeñísima escala, según acabamos de realizarlo, habiéndolas suspendido por la sementera y las nieves, no sinque hayan dejado de darnos, en pocos días, los resultados satisfactorios de descubrir entre restos de mosáico y de pavimentos de petrificada argamasa la estátua copia exacta va al frente de este artículo.
Aquella es de cobre, su tamaño identico al del grabado, tiene el barniz que únicamente presta el tiempo, y la falta por desgracia todo el brazo izquierdo; pero sin embargo, por la ropa talar y por el casco, se conoce que debe representar á la diosa Palas; al menos tal es nuestra humildísima opinión, que, sin reparo, sometemos gustosos al examen de los arqueólogos, puesto que podemos equivocarnos por no pasar de ser meros aficionados a las antigüedades.
Lástima que el estado de nuestra patria no permita al gobierno de S.M. destinar algunas sumas para atender al reconocimiento de los terrenos donde se sabe ó presume se levantaron pueblos celebérrimos, y á la compra de los objetos curiosos que encierran, ó que sise encuentran por pura casualidad se destruyen, ó van á parar á los museos extranjeros, y los mas á los crisoles de los latoneros y plateros, y á las fraguas de los herreros de las aldeas.
Remigio Salomón (s.XIX)
Durante el siglo XX, más concretamente en 1970, se encontraron dos necrópolis perteneciente a Deóbriga. La primera se halló junto a las últimas casas del poblado de FEFASA y la otra, conocida como Vetrusa (Berantevilla), apareció en territorio alavés con numerosa cerámica celtibérica y romana.
Entre los años 2004 y 2006, se llevaron a cabo una serie de estudios arqueológicos dirigidos por Rafael Varón Hernández enmarcadas en la Arqueología de Gestión. Estos estudios dictaminaron que la extensión rondaba las 26 hectáreas y que por tanto, debido a su tamaño e importancia, la ciudad que se esconde bajo tierra era Deóbriga.
Los trabajos de esta última investigación fueron llevados a cabo a partir de técnicas clásicas como las prospección, muestreos sistemáticos, excavaciones, etc; y por métodos innovadores como la toma de fotografías aéreas cedidas por François Didierjean de la Universidad de Burdeos 3 (Francia) en la que se observa, entre otras cosas, el trazado de la ciudad.
En verano de 2009, durante la construcción de un cercano polígono industrial, aparecieron restos de algunas edificaciones y restos oseos en la orilla derecha del río Ebro, colindante al yacimiento de Arce-Mirapérez, y que corresponden a Revenga. En 2010 se perdieron cerca de 4.000 metros cuadrados de yacimiento a causa de la construcción de una carretera que comunica el Poligono Industrial de Ircio con la carretera de Logroño.4 5 En las prospecciones previas a la destrucción parcial del yacimiento en 2010 se comprobó que la ciudad celtíbera también ocupó gran parte de la extensión correspondiente a la ciudad romana, quedando patente la importancia del yacimiento. Ni la Junta de Castilla y León (promotora del vial) ni el Ayuntamiento de Miranda de Ebro mostraron interés en proteger la zona.
Cronología
El yacimiento de Arce-Mirapérez abarca un arco histórico que va desde la Edad del Hierro II, pasa por el periodo romanizador, con restos de Alto y Bajo Imperiales, y con el paso del tiempo dio lugar en la Alta Edad Media a la "fortaleza" de Revenga (Revendeca en las crónicas de Alfonso III sobre los avances de su antepasado Alfonso I entre los años 750 y 752), que posteriormente se convertirá en una aldea que perdurará hasta el siglo XIII y que compartirá espacio con Arce-Mirapérez (al menos desde el siglo XI)
Edad del Hierro
Los hallazgos más antiguos datan de la Edad del Hierro II, una época con un desarrollo que podría abarcar desde los siglos IV-III a. C. hasta la mitad del siglo I d. C. Se trataba de una ciudad indígena, Deóbrigasegún las fuentes, que pertenecía a la tribu de los autrigones. La principal ubicación del castro es el cerro de El Infierno, aunque es posible que se extendiese por la llanura que queda al Norte del mismo, incluso se podría relacionar con el asentamiento de Vetrusa, al lado Norte del Zadorra en término de Berantevilla. El castro tiene unos 120.000 metros cuadrados y contaba con muralla, aterrazamientos defensivos , etc.
Época romana
El momento de mayor esplendor de Deóbriga llega entre los siglos I y II d. C., en la que la ciudad alcanza una extensión superior a 26 ha. Se estima que en el momento de máximo esplendor habitaron la ciudad unas 6.500 personas. El núcleo estaba situado cerca del la calzada romana conocida como Ab Asturica Burdigalam (Astorga-Burdeos) o Iter XXXIV en el Itinerario de Antonino. Se han identificado bases o apoyos que podrían evidenciar la existencia de pórticos, incluso viviendas con plantas superiores. Respecto al trazado se ha observado una calle de dirección Este-Oeste y tres ramales perpendiculares a ella, que estarían revelando un trazado hipódamico de nueva planta importado de los modelos romanos y latinos.
Tardoantigüedad y Alta Edad Media
No existe apenas información tras el colapso del Imperio romano, y las siguientes noticias documentales que tenemos sobre la zona nos hablan de la destrucción de la fortaleza de Revendeca (que da el actual topónimo de Revenga) por Alfonso I de Asturias en el ataque y despoblación/desestructuración que realiza entre los años 750-752 a la frontera defendida por los musulmanes al Norte del río Duero.8 También destruyó la fortaleza de Miranda, cercana de la actual Álava (Veleia) o de La Rioja (Briones). Algunos autores han apostado porque el topónimo Revenga tenga un origen visigodo y que las fortalezas mencionadas, Revendeca y Miranda, hubiesen sido sede de pequeños asentamientos visigodos tras el fin del Imperio romano.
En el año 804 el obispo Juan de Valpuesta repuebla el territorio de la Cuenca de Miranda dejando al margen tanto Revenga como Miranda, que quedarán bajo el control del Obispado de Calahorra.
Edad Media
Las siguientes referencias documentales están cifradas en el Fuero de Miranda (datado en origen en 1099), que nombra tanto a Revenga como a Santa María de Arce entre los poblados pertenecientes al alfoz mirandés, junto con otros situados entre la desembocadura del río Bayas y el río Zadorra.
En el siglo XIII tendremos la última noticia documental sobre Revenga, que se convertirá en un despoblado medieval dejándonos su topónimo a los dos lados del río Ebro, probablemente en el lugar dónde existió el vado que permitía la comunicación entre las dos orillas.
Situación actual
Actualmente el yacimiento se encuentra enterrado a varios centímetros de la superficie bajo las tierras de labor. La actividad agraria, en ocasiones, provoca la extracción de piedras provenientes de los muros de las edificaciones. En el cerro El Infierno, donde en principio se ubicaría el castro autigón, se encuentra un depósito de agua y restos del hormigonado de lo que fue una caseta de tiro.

Miranda
22/10/2008
El yacimiento de Arce tiene valiosos restos de una gran ciudad romana
Unas novedosas fotografías aéreas permiten ver el trazado de sus calles y su dimensión
Rafael Varón expuso con varias proyecciones de apoyo los detalles de las excavaciones y las fotografías aéreas.
TRUCHUELO

Lo que hoy es una zona a las afueras de Miranda coincidente con buena parte de los terrenos de Arce-Mirapérez, la fábrica Rottneros y la urbanización El Lago, fue entre los siglos I y V después de Cristo una ciudad romana de importantes dimensiones. Una afirmación de gran calado que viene a desvelar que el entorno de la actual Miranda fue un punto destacado en la romanización de la Península Ibérica y que coloca a la ciudad como un núcleo de gran interés arqueológico, y si las administraciones apuestan por ello, como un posible y nuevo atractivo cultural y turístico para Miranda.
Y todo gracias a la combinación de diferentes trabajos de investigación que ayer desveló el arqueólogo mirandés de la empresa Ondare Babesa, Rafael Varón, responsable de las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años.
Por un lado se ha recopilado abundante información sacada en las excavaciones que ha deparado la extracción de numerosos restos arqueológicos, principalmente cerámicas y material constructivo, ya que se cree que los metales (como monedas) han sido extraídos a lo largo de los años de manera ilegal. Por otro (y es una de las novedades que permiten apoyar la existencia de la ciudad romana) se han aplicado técnicas de fotografía aérea en colaboración con la Universidad de Burdeos 3.
Y en esas imágenes se ve perfectamente lo que los expertos han distinguido como la trama urbana de la ciudad con sus calles y diferentes espacios. «Son fotografías muy significativas, que permiten dimensionar el tipo de asentamiento ante el que nos encontramos, que en la bibliografía existente había sido catalogado como un yacimiento pequeño, un asentamiento rural de escasa entidad, incluso cronológica, y no es así», explica Varón, que hace actualmente su trabajo predoctoral sobre esta inédita investigación.
Y así, en las imágenes aéreas utilizadas ya en muchas otras investigaciones arqueológicas, se observa el discurrir simétrico de las calles y su ordenación, algo tremendamente válido para los investigadores ya que les permite dar una dimensión muy real a lo que allí había, y sobre todo a lo que puede haber bajo centímetros de tierra. «Nos hemos encontrado con una ciudad romana como Dios manda, que tiene unas 26 hectáreas de extensión», comenta el arqueólogo. Incluso, según cálculos hechos para otros asentamientos, alcanzaría los 6.500 habitantes, población que Miranda no tuvo hasta el año 1910.
Un tamaño similar a otras ciudades de tipo intermedio de la época romana, similar a la Astorga o a la Pamplona de la época, menor que la Clunia burgalesa y también algo menor que la cercana Iruña-Veleia de Álava. «No es un yacimiento pequeño, es una población que articula el territorio de la cuenca de Miranda en la época romana», dice Varón, algo muy útil también para conocer mejor la romanización de la Península, que se revela con importantes ciudades cada ciertos kilómetros que servían para regular y administrar el territorio.

Un complemento. Pero el arqueólogo insiste en que estos documentos aéreos no tienen validez por sí solos, y por ello requieren de un trabajo arqueológico tradicional que viene a apoyar la existencia de este importante asentamiento. «Aquí tenemos el contraste de la foto aérea y las excavaciones», explica, algo que permite determinar la dimensión física, pero también la cronológica.
En este apartado los restos recuperados son valiosísimos para los investigadores y así hay fragmentos de cerámica del siglo I en adelante procedente de talleres de Francia y de otros como los que había en el valle del Najerilla, unos de los alfares más importantes del imperio romano. «Tenemos materiales que cronológicamente funcionan mejor que el carbono catorce para datar en época romana que nos dan esa continuidad del asentamiento. Hay piezas de un taller muy específico, y lo sabemos porque las piezas tienen un sello, un sigilo, que permite identificar el taller en el que se hizo, y nos da una precisión con sólo 30 años de margen de error», aclara.



Muchos servicios. Todos estos descubrimientos permiten, si no asegurar, ya que haría falta la excavación completa de la ciudad romana, al menos si pensar en la dimensión funcional que tuvo. Y así, en función de los restos encontrado y del tamaño, se puede pensar que fue una población grande, con importantes servicios administrativos, religiosos, sanitarios e higiénicos, con foro y mercado… «¿Qué tenía?... Hoy por hoy se puede hacer un indicio, porque tenemos materiales que irían con ese tipo de edificios: ladrillos para hacer cámaras, capiteles de suspensura, piezas que no pueden ser de otra cosa que no sean edificios como termas, por ejemplo, y eso no sale en un asentamiento pequeño, sale en sitios grandes en los que ya hay servicios», argumenta. Todo, teniendo en cuenta que la construcción de la Fefasa y de El Lago, destruyeron restos en una época en la que además de no haber conciencia sobre el patrimonio, tampoco había muchos elementos de protección.

A los mártires del Barsa y del Madrí

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No es sólo un grupo de hombres corriendo detrás de una pelota. El fútbol es más que un deporte, tanto para los fanáticos como para la ciencia, que asegura que cada emoción vivida por el hincha le dice quién es, lo empodera, y hasta lo hace cognitivamente más hábil. ¿Qué sabe la ciencia de la pasión?
Un partido de fútbol puede llegar a ser infartante. Literalmente. Las pulsaciones suben a más de 125 por segundo cuando el jugador se va a acercando con la pelota al arco y el hincha queda con el corazón en la mano. Así ocurrió en el Mundial de Francia 98: los ataques al corazón aumentaron un 25% en Inglaterra en la definición a penales con Argentina.
El fútbol dejó de ser cosa sólo de hinchas y hoy la ciencia explica qué pasa en el cerebro de los fanáticos. La expresión máxima de lo que provoca un partido está ligada al gol: aumenta la adrenalina y el cuerpo se pone en estado de alerta. Se eleva la presión sanguínea, se aprietan los músculos y el cuerpo de los hinchas se llena de testosterona, la hormona del poder sexual, la fuerza, la fiereza, la agresividad y que, a la larga, el cuerpo pide como a una droga. "En un partido pasa algo común con los adictos al juego: opera una incomparable cantidad de dopamina, la hormona del placer", dice Lister Rossel, siquiatra de Clínica Las Condes.
Un jugador más
En uno de los estudios más emblemáticos al respecto, el doctor en psicología Paul Bernhardt y sus colegas reunieron 21 hombres futboleros para ver la final del Mundial de 1994 entre Brasil e Italia, con hinchas de ambos equipos. Se les tomó pruebas de saliva antes y después de ver el partido. Cuando terminó, los perdedores no sólo estaban tristes y desanimados: su nivel de testosterona, de hombría, de osadía, había disminuido considerablemente. Todo lo contrario ocurrió en los ganadores: la testosterona había aumentado. Según Bernhardt, los niveles masculinos de testosterona, en los hinchas, aumentan más de un 20% tras una victoria y descienden otro 20% luego de una derrota de su equipo."El triunfo remece el sistema hormonal de manera positiva y la testosterona entrega la sensación de poder, como en el triunfo territorial, tal como lo hacían los conquistadores", complementa Rossel.
Bernhardt explicó a La Tercera que las variaciones de testosterona en los fanáticos fueron similares a las que presentan los propios jugadores ante el triunfo y la derrota. Para Bernhardt, el verdadero fanático "es el que tiene atada parte de la idea de sí mismo al equipo y si el equipo cambia de estatus, ya sea gane o pierda, el hincha también cambia", incluso en otras áreas de la vida. Más: investigadores de la U. de Indiana demostraron que los fanáticos que se sienten personalmente involucrados en un equipo o que asisten a los partidos para alentar a su equipo obtienen beneficios de salud mental por una sensación de conexión social.
Estudios de Daniel Wann, autor del libro "La anatomía de los fanáticos del deporte", revelan que mostrar intenso interés en un equipo influye directamente en la autoestima del fanático. Cuando el equipo gana, los fanáticos son más optimistas respecto a su sex appeal, están más confiados de sus habilidades mentales e intelectuales que, efectivamente mejoran. Pero todo se desvanece con la derrota.
El súper lector del partido
Durante el partido, el hincha tiene una lectura única del encuentro, según un estudio de la U. de Chicago. Como un músico que ve una partitura que para otros no es más que puntos y líneas, el fanático es experto en entender qué pasa en la cancha. ¿Por qué? Porque los hinchas pueden recordar los movimientos físicos del partido sin verlo propiamente, aumentando la actividad en la corteza pre motora dorsal izquierda, que influencia los dos hemisferios del cerebro, un ejercicio cognitivo casi imposible para las personas que carecen de los conocimientos deportivos necesarios. La persona que no es un fanático no tiene idea de cómo interpretar visualmente el comentario. El aficionado, en cambio, visualiza los movimientos en su mente como en una obra de teatro e incluso podría verse inconscientemente imitando el movimiento.

Quien sea la oveja descarriada, que tire la primera piedra

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Uno se cree que nos mató el tiempo y la ausencia. Pero ese tren vendió boletos de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó manaltial de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón. Hoy arranco este año como siempre, atiborrado de los chuches impuestos, de los engaños de ese gobiernillo izquierdosillo que no llegará JAMÁS a las categoría honesta de la Montseny o de Pí y Margalll y esa nostalgia que me va matando poco a poco me refresca la conciencia y los recuerdos.¡a lo que llegamos! Con seres queridos que faltan, con amigos que no están y desaparecidos de las calles estrechas de los viejos barrios. Ya no languidecerán más al aroma de los tibios rayos de Sol ni las bufandas enmascararán gargantas roncas. Se han empeñado en no estar, aunque, seguramente el más cabezón vuelva a ser yo que sigo buscando la sombra que se perdió en cualquier rincón, en cualquier portal, en cualquier tasca, en cualquier plaza.
Me doy cuenta de que algo me falta. Y esa falta, mata deprisa, de pena o de lo que sea, que las lágrimas, a veces no te dejan ver el sol. Nadie va a ocupar esa canastilla vacía, ese placer de los paseos de los domingos, arrugados todos luchando contra el viento Por eso arranco el año con alguno de mis chicos favoritos, unos de los pocos que me entienden aunque no debo ser el único para el hablan, cantan,ríen o lloran. Mis Lorcas o mis Machados, mi Capra y ¡qué bello es vivir!, y mi Serrat, y mi Miguel Hernández.... A fin de cuentas, mis niños. Te explico. Para no variar. Me encontraréis ligero de equipaje porque hay un español que quiere vivir a vivir en tierra.Y no conocemos la prisa, que si no hay vino habrá agua fresca.
Déjame que respire los vientos del orgullo de mi clase. Que con orgullo, un poco de fé, mirando hacia atrás, viendo cadáveres y una flor sobre un jardín de mares, no cercenen mi cansada vista de nuevo
Que seáis todo lo felices que os deje este gobiernillo
(Con la inestimable colaboración de las letras de Machado y la voz de Serrat)

CHACOLÍ, EL QUE NOS QUIEREN ROBAR LOS VASKITOS. (Con algunas opiniones cogidas las más de las veces, sin permiso. Ya lo siento)

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PRIMERA PARTE.

DE TONIO SANTIUSTE (con su permiso)
Antonio García Gómez: poeta y maestro de larga trayectoria, obsesionado por el espectáculo diario que ofrece la vida, a través de sus protagonistas, que lo saben o que no, efectivamente lo son, siquiera un instante, siquiera a su pesar.
Algunas de sus últimas obras: La Reapié, Abanta singladura y Caireles de lumbre y brasas.

El chacolí
De vino peleón e inestable, con poco cuerpo y chispa generosa, fruto de nuestros pagos y nuestra memoria, de cuando los lagares eran familiares y el vino era para el año, como una cosecha ineludible para el buen pasar del tiempo, en los ocios y los negocios, con un vaso a mano, para el trasiego del almuerzo o en la hospitalidad hacia el visitante, con la determinación de quien sabe que hay lo que hay y que eso es de uno y del suelo que labra.
Con su punto aleatorio de ácido comportamiento, como si no hubiera necesidad de poso y reposo, frágil e impredecible, según el año y el astro, con más o menos color, que todo se juntaba y las uvas caían más tintas o más blancas al lago de los denuedos, más maduras o más verdes, siempre a un punto de su madurez perfecta, siempre como si les hubiera faltado una pizca, de tiempo, de calor, de agua, de mimo también, cuando los esfuerzos se arremolinaban en otras labores y se contaba con unas pocas cántaras que alegrasen, al cabo, el devenir anual.
Y así pues el chacolí de cada casa era distinto y sorprendente, cómo no, según procediera de buena o regular majada, pero en todo caso fiel al gusto particular del consumidor propio, que bien sabía apurar un vaso de vino de la tierra sin darse mayor importancia, en el roman paladino del lego poeta, con la llaneza que da el terruño y el apego a lo propio.
Era pues este vino algo ojo de perdiz, patrimonio de la vega mirandesa, sin mayores alharacas que su servicio sencillo al paladar sin resabios y con la noble consistencia de la tradición hecha alimento sustancial.
Así hasta que vino la parcelaria y subió el precio del trigo, por ejemplo, allá por la década de los sesenta, cuando fueron arrancándose las viñas, dejando en un principio los frutales que habían salpicado el paisaje viñero, para olvidarse del fruto macerado en familia, para irse un poco más lejos a comprarlo por cuatro perras o parecido, arriba de San Miguel, bajando Cellorigo hacia Sajazarra y Tirgo, por ejemplo, donde se degustaba un clarete de poco cuerpo y chispa jocosa, ojo de gallo, que podría suplir el chacolí autóctono, al menos hasta casi olvidarlo.
Y ese, pues, es el vino que empezamos a beber cuando mozos en los “Chacolís” de nombre y farra, encuentro y sabor contundente, como El Chamorro, El Pildo, El Limaco. . . y nos achispábamos con caldos de la tierra vecina, mientras se daban por perdidos los de casa. Así fue y así transcurrió el tiempo de disfrutar merendando a porrón o a vaso en el barrio de aquende, ajenos a nuestro pasado, felices con el despliegue espiritoso del vinillo agradecido.
Hasta hoy, cuando uno descubre que puede regresar el chacolí de siempre, el vino de nuestros mayores, la viña autóctona a repuntar sobre los tesos y vallejos en la ribera del Ebro, dando grado y euforia a la capital de la comarca, a Miranda, tan acogedora como olvidadiza, tantas veces como para habernos hecho pensar más de una vez que el chacolí era cosa de otros, que con nosotros no iba la fiesta y, sin embargo, no era verdad que los protagonistas seguíamos siendo nosotros.

CHACOLÍ.
Racimos de uva para la elaboración del chacolí, en un camino entre Guetaria y Zarauz.
El chacolí (procedente del euskera txakoli, txakolin o txakoina) es un vino blanco del norte de España, especialmente del País Vasco,1 producido a partir de uvas verdes, lo que provoca una cierta acidez. Desde noviembre de 2010, la denominación sólo puede aplicarse oficialmente a los vinos con dicha denominación de origen en el País Vasco.2
Las variedades cultivadas son la Hondarribi zuri, Hondarribi beltza (esta última mucho menos extendida) y Munematsa (en Vizcaya). Ligeramente carbonatado, con una graduación alcohólica de unos 10,5º–12º vol. La mayor producción se centra en las bodegas de las localidades costeras de Guetaria y Zarauz, ambas pertenecientes a la Denominación de Origen Getariako Txakolina.
Producción
La producción es principalmente de vino blanco, aunque en menor cantidad también se producen rosados y tintos. El color del vino blanco es amarillo pálido; en nariz denota intensos aromas a cítricos, hierbas y flores; en boca es fresco, ligeramente ácido y fácil de beber, tiene que servirse fresco.
Antaño el chacolí era producido en caseríos o casas de campo de manera artesanal, antes de consumirlo se escanciaba como se le hace a la sidra natural actualmente, esto es debido a que antiguamente no se filtraba ni clarificaba. En los últimos años varias bodegas han empezado a estudiar y mejorar su elaboración para conseguir mejor gusto y aromas, obteniendo vinos con un sabor muy satisfactorio.
Denominaciones de origen
Extensión de los vinos con denominaciones de origen en el País Vasco.
Algunas denominaciones:
 Txakoli de Álava: denominación de origen de Álava. En el Valle de Ayala.
 Bizkaiako Txakolina: denominación de origen de Vizcaya. Principalmente en Baquio y Valmaseda.
 Getariako Txakolina: denominación de origen de Guetaria (Guipúzcoa). Principalmente en Guetaria, Zarauz y Aya.
Otras producciones
Su producción no es muy amplia y es consumido principalmente en el País Vasco, La Rioja, Navarra, Cantabria y norte de la provincia de Burgos extendiéndose poco a poco a otras zonas gracias a la restauración.
Cantabria
El chacolí fue hasta finales del siglo XIX un producto generalizado en la vertiente cantábrica. En Cantabria hubo grandes producciones de chacolí extendidas por gran parte del territorio, destacando en la zona de Trasmiera. Pueblos como Colindres, Arnuero, Meruelo, Argoños y Noja como principales zonas de producción de chacolí y plantación de viñas.3
La producción de Cantabria hace siglo y medio superaba ampliamente la de las provincias vascas, según los datos que recogía el profesor Alain Huetz de Lemps en su estudioVignobles et vins du Nord-Ouest de l'Espagne.4
Burgos
El norte de la provincia de Burgos es también una zona productora de chacolí. En Miranda de Ebro la producción de chacolí fue muy común hasta la segunda mitad del siglo XX.5
Las bodegas y tabernas de esta ciudad donde se producía y vendía tomaban en si mismas el nombre de chacolís, en lugar de bares o tabernas. Hasta la década de los años 1990, y aunque ya sin esa función, pervivían en la ciudad varios locales que todavía los mirandeses recuerdan: Chacolí Limaco, Chacolí Chamorro, etc.[cita requerida] En la vendimia de 2010 se recogieron en el entorno de Miranda de Ebro 1.000 kilos de uva para la producción de estos vinos. En 1987 el Instituto Municipal de la Historia de la ciudad publicó un libro sobre el tema con el título "Viñedos y vino chacolí en la historia de Miranda de Ebro" (ISBN 84-404-0190-6), escrito por Ramón Ojeda San Miguel y Jesús Alberto Ruiz Larrad.
En el Valle de Mena se produce chacolí desde hace siglos pero sin denominación de origen.4 En 2010, la Diputación Provincial de Burgos aprobó un proyecto de impulso a la producción de chacolí en la zona.6

El legado del chacolí mirandés
14.11.10 - 02:48 -
CRISTINA ORTIZ |
La vendimia en Ayuelas, Ameyugo y Santa Gadea del Cid dado mil kilos de uva con la que se está elaborando este vino de año
Textos de hace varios siglos recogen la producción de vino propio
Es necesario crear un centro experimental y de formación para viticultores
Uvas tintas de tempranillo y mazuelo y blancas viura, y rojal tuvieron en Miranda, tiempo atrás, una fuerte implantación, en épocas en que el consumo de chacolí local era algo habitual en los bares de la ciudad. Hasta el punto que había establecimientos, ya desaparecidos, a los que se conocía por el nombre de ese vino. Sería el caso del Chacolí Chamorro y Chacolí Limaco, ambos en el Casco Viejo de la ciudad.
De toda esa historia, hoy en día queda prácticamente lo que se cuenta en los libros y en varios estudios realizados al respecto. Pero esos datos han servido de punto de partida, de arranque, para el trabajo de un grupo de expertos y aficionados empeñados en recuperar la producción partiendo de las viñas que aún existen y de la disponibilidad de tierras en las que se podrían plantar más.
Siempre y cuando sean capaces de convencer a la sociedad del futuro económico del chacolí en dos vertientes, la comercialización del vino y el desarrollo de rutas de enoturismo. No sólo en Miranda y su entorno más próximo. La iniciativa se extiende también a La Bureba y a buena parte del Valle de Mena, donde cuentan incluso desde hace años con una asociación que agrupa a unos 40 productores.
Aquí, prácticamente han desaparecido. Su presencia es meramente testimonial, pese a que Rafael Ocete, profesor de la facultad de Biología de Sevilla y uno de los impulsores del proyecto, recuerda que durante su infancia en Miranda «la vendimia era una verdadera fiesta y en los chacolís había un gran ambiente».
Pero todo eso se perdió, tanto por el abandono del campo como por la pérdida de viñas con la concentración parcelaria de principios de los 70. Pero la historia no caduca y ahora, llevan seis años trabajando para lograr un producción significativa, regida por parámetros de calidad, y con proyección de negocio, de un caldo que tiene unos patrones muy definidos. «Es un vino de año, afrutado que no tiene una maduración perfecta y suele contener cierta cantidad de carbónico. Es ligero y de poca graduación», explicó Ocete.
Variedades tradicionales
A partir de ahí, se abre un amplio abanico de posibilidades en función de las cepas y de la variedad de uva empleada en su elaboración. No todas aportan el mismo sabor ni garantizan las mismas propiedades.
Es ahí por donde se debe empezar a trabajar. Hay que contar con viñas de buena calidad, huyendo de las denominadas 'híbridos productores directos' que se plantaron a principios del siglo XX para hacer frente a la filoxera y que causó una gran pérdida varietal. Pero lo que entonces se vio como una solución se ha convertido ahora en un problema ya que ese tipo de planta «aparte de dar baja calidad organoléptica, el Reglamento de Base 479/2008 prohibe su uso en vinos acogidos a Denominación de Origen», según expusieron en el estudio presentado al respecto en el VII Foro Mundial del Vino celebrado en mayo en Logroño.
En su opinión, convendría elaborar un chacolí con variedades tradicionales españolas como «tempranillo, mazuelo, viura y blanca Rojal», aunque también, «dada la continuidad de los viñedos del Cadagua, la Hondarrabi zuri se adapta muy bien a esta subzona burgalesa». Acordada la materia prima, «la tecnología debe basarse en un despalillado previo a la fermentación a temperatura controlada con levadura seleccionada, con el fin de mantener al máximo los aromas frutales». Esa es la propuesta presentada junto a Ocete por José Antonio Salinas, Miguel Lara, María Ángeles Pérez, Pablo Arribas, José María Garín, Elvira Ocete, Julio Alberto García y Teresa Sáenz de Buruaga.
Es son los responsables de la propuesta técnica y también los impulsores de un sector que debería contar ya con la implicación de las administraciones de la zona «para crear un centro experimental y de formación de viticultores, y con fondos de subvención para la plantación».
Hay que conservar y potenciar lo que tenemos, algo que era propio del paisaje mirandés no hace muchos años. No se trata de inventar nada. De hecho, al contrario de los que se ha visto en La Bureba o en el Valle de Tobalina, aquí apenas hay híbridos productores directos, con lo que se trataría de cuidar las viñas que ya existen y ampliar la plantación de cepas tradicionales para contar con una cosecha que garantice llegar al mercado. Este año, sumando los viñedos de Ameyugo, Ayuelas y Santa Gadea del Cid, se han recogido mil kilos de uva.
Es una actividad en la que sólo ven ventajas. «Es un cultivo social, que crea puestos de trabajo, ayuda a fijar población, da cierta diversidad de paisaje y tiene hondas raíces»
Reconocen que el País Vasco lleva 20 años trabajando y ha puesto mucho empeño en sacar adelante una marca de calidad, pero eso no debe significar que nadie más pueda hacer chacolí. También lo hacen en Chile, en dos lugares llamados Lo Miranda y Santa Ana de Briviesca, cerca de la ciudad de Petorca.

«Es acidillo, como tiene que ser el chacolí»
José María Santiago ya ha probado el vino creado con las uvas recogidas este año en la viña casi centenaria que tiene en Ayuelas
14.11.10 - 02:38 -
CRISTINA ORTIZ | MIRANDA DE EBRO.
Siente auténtica pasión por sum pequeño viñedo. Raíces algunas casi centenarias que mima y cuida con esmero en la localidad de Ayuelas, donde ahora sólo se conservan tres de las muchas plantaciones que hubo años atrás. José María Santiago lleva medio siglo elaborando su propio vino con las uvas que brotan de las 150 plantas que tiene, pero este año su cosecha ha ido destinada íntegramente a la elaboración de chacolí.
Y es que ha decidido apostar por el proyecto iniciado hace media docena de años por un grupo de expertos y de apasionados del tema para recuperar una tradición con gran arraigo histórico en Miranda, su entorno, y en buena parte de la provincia, pero que ha estado a punto de desaparecer.
En estos momentos, el zumo extraído de los racimos de sus 60 cepas de garnacha, otras tantas de tempranillo y 30 más de viura, descansa en la bodega del Monasterio del Espino a la espera de ser descorchado un vez llegado a su punto óptimo. «Son cepas viejas de poca producción, pero de muy buen género, con mucha calidad». Esta temporada han recogido alrededor de 200 kilos.
Algunas de ellas, las de tempranillo, las vio plantar Santiago hace unos 66 años. Pero el resto ya estaba allí y si no fuera por su edad tiene claro que se lanzaría a plantar unas cuantas más, nuevas. Tantas como entraran en los 7.500 metros que tiene de finca. «No me importaría que la plantaran entera». Él tiene claro que se ha embarcado en esta nueva aventura «por el pueblo, por ver si hay gente que se anima. Puede volver a tomar auge, por qué no».
Lo suyo ha sido siempre elaborar vino, principalmente tinto crianza con un año de barrica, aunque también ha probado con otros. Un año se juntó con «20 cántaras de tinto, 12 de clarete y 4 de blanco. Todo muy bueno, natural, sin ningún tipo de tratamiento». No sólo lo dice él, así se lo confirmó la Estación Enológica de Haro donde lo llevó a analizar.
Esa ha sido su opción, pero en su memoria mantiene vivo el recuerdo de que, antaño, cuando buena parte del paisaje estaba cubierto de cepas era chacolí lo que producía. «Era lo único que se hacía, todos elaboraban lo mismo. Había chacolí de Ayuelas, de Miranda... No sé si es que la vendimia se realizaba antes y la uva estaba más verde o es que hacía menos calor y no alcanzaba más grados», aseveró.
De momento, él ya puede decir que ha vuelto a probar el de su pueblo. Ha catado el que está tomando cuerpo ahora, la primera cosecha, y su valoración es buena. «Aunque todavía no está asentado, le queda por madurar, no está mal. Es acidillo, como tiene que ser el chacolí», zanjó.

De producto histórico a marca registrada - 14.11.10
Es una cuestión política y le afectan a las fronteras. Al abandono del campo, la desaparición de viñas o la dificultada para crear una red de comercial, hay que añadir la campaña emprendida por el PNV para conseguir que el nombre sólo pueda ser usado por los productores del País Vasco. La iniciativa de la formación nacionalista detalla que los diferentes términos de txacoli, chacolí, txacolín, chacolín y txacolina no podrán ser utilizados por productores de vino blanco que se hagan -aunque sea similar- fuera de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.
Y eso es algo a todas luces imcomprensible cuando existen documentos redactados varios siglos atrás que ya hablan de la elaboración de este tipo de vino en Burgos, además de en Cantabria. En la Exposición Vinícola Nacional de 1877 ya se presentaron 26 chacolís burgaleses.
Se trata, sin duda, de una denominación genérica y no de una marca que alguien se pueda apropiar. «Aquí, la producción no lleva registro de embotellado porque no se puede poner ese nombre», señaló Ocete.
Se podría comparar con el caso de la Rioja Alavesa. «Es como sí ahora tuvieran que dar salida a su producción vendiéndolo como vino Alavés, sin el apellido Rioja. Al vino no se le pueden poner fronteras administrativas », zanjó Koldo Madariaga, otro de los impulsores.


Del vino chacolín al txakoli (I / II)
Del vino chacolín al txakoli (II / II)

Txakolin, txakolin, txakolin eta txuzpin,
txakolin, txakolin, txakolinak on egin.
(Canción popular de Luno, Gernika)
En este trabajito efectuaremos en una primera entrega un pequeño análisis histórico sobre el “vino chacolín” y el “txakoli”, para en una segunda ocasión hablar de su elaboración.
La Real Academia define “chacolí” como: “Vino ligero algo agrio que se hace en el País Vasco, en Cantabria y en Chile”.
Respecto a la etimología de la palabra, explica el diccionario de Corominas y Pascual:
“Chacolí, vino ligero y agrio que se hace en las Vascongadas y Santander, del vasco txakolin. Como la eliminación de la –n no se aplica en castellano, es lícito conjeturar que una variante txakoli existiría ya en vasco, en lugar de la forma actual, propia de Guipúzcoa y Vizcaya...”.
Y es que, en efecto, se le llamó “vino chacolín” hasta la reforma ortográfica de Sabino Arana, que fue quien propuso el término “txakoli”, al parecer en el año 1895.
Etimología más anecdótica y jocosa es la que recogió el investigador tolosarra José Uría Irastorza de boca de un viejo txakolinero. Según éste, cuando al vinicultor le preguntaban “¿Cuánta cantidad de vino habéis hecho?”, solía ser costumbre responder: “Etxeko ain”, es decir lo justo para casa. De “etxeko ain” se pasó a“etxekolain” y acabó diciéndose “txakolin”.
Por nuestra parte definiremos al txakoli como un vino afrutado, de grado ligero, singular acidez y aroma intenso, que está reputado como uno de los acompañamientos más adecuados a la degustación de pescados y mariscos. Se obtiene de ciertas cepas autóctonas del País Vasco, que en el ambiente húmedo y templado de la franja atlántica encuentran las condiciones idóneas para su desarrollo.

Foto: Antxon Aguirre Sorondo.
Reparará el lector atento que las definiciones hasta aquí apuntadas limitan la geografía del txakoli a la costa, pasando por alto el hecho de que provincias del interior como Navarra y Burgos también lo han tenido y tienen en su acervo. Son sus vinos particularmente ácidos y picantes porque se confeccionan con uvas pobres en extracto y grado que brotan en tierras de baja calidad o en plantíos desfavorables (por su altura, orientación o sombra, por ejemplo). Aunque despectivamente se le consideró como “avinagrado”, conoció unconsiderable arraigo y poblaciones hubo cuyo nombre estaba popularmente asociado al denominado “vino chacolín”. A tal extremo que el historiador Pablo Arribas1 sostiene que fue el primer vino que se produjo en la meseta desde la Alta Edad Media, lo que le lleva a definirlo pomposamente como “el vino heroico de la primitiva Castilla”.
No hace muchas fechas entrevistando a un viticultor de Tierra Estella, me comentaba que las uvas de una parcela, situada en zona sombría, le habían dado un “vino chacolín”. Esto es, para la gente de la vertiente Mediterránea “chacolín” es adjetivo (“vino chacolín”) mientras para la zona Cantábrica es sustantivo “txakoli”.
El Valle de Mena, fronterizo con Bizkaia, la Bureba, y toda la comarca del Ebro, desde Miranda hasta las márgenes del Omecillo, están históricamente documentadas como zonas vitivinícolas. Sobre la calidad y difusión del vino del Valle de Mena a principios del siglo XVIII ilustra José Bustamante Bricio cuando escribe:2
“Algo más de tres Hectáreas se dedican a producir un vino malo y flojo —achacolinado, dice el paisanaje—, que se bebe, aunque no se deje beber. Cada año de regular cosecha se recolectan unas 384 cántaras, es decir, unos 6.150 litros. La cántara se cotiza a unos tres reales y la casa o casilla del Concejo, precisamente donde se escribe y redacta el memorial, hace también de bodega del vino y lagar para su elaboración y crianza. Falta siglo y medio para que llegue a Mena la plaga del mildiu que acabará con esta producción, pero en el lugar y en otros muchos de Mena, quedarán como topónimos registrados, los nombres de Viñas, Sobreviñas, Majuelo, La Parra, etc.”.
Para el año 1867 el cultivo de uva en el Valle de Mena ocupaba una superficie de 91 Ha, 26 áreas y 40 centiáreas, sin contar las viñas silvestres en montes y a orillas de los caminos con las que se hacía el “agua de agraz” (zumo de uvas verdes). Todavía a principios del siglo XX abundaban las siembras de uva, hasta el punto —testimonia Ángel Nuño García3 hablando del pueblo de Ungo— “de que cada vecino cogía chacolí para el consumo de casa”.
La vinicultura chacolinera se extiende hasta Trespaderne y, saltando por encima del Ebro, alcanza a poblaciones como Cillaperlata, Frías, Oña, Cantabrana, Terminón, Salas de Bureba, Poza de la Sal, Llano de Bureba (antes Solas), Aguilar de Bureba, Quintanabureba y Briviesca. El “vino chacolín” elaborado en estas comarcas burgalesas tenía un tono rosado y se denominaba “ojo de gallo”.

Un dicho popular recoge en su obra P. Arribas, que reza:
“Tres cosas tiene Briviesca
que no las tiene Madrid:
los chorizos, las almendras
y también el chacolí”.
Y también una jota muy cantada en Miranda de Ebro con esta letra:
“A la jota Pillín, que eres un borrachín
que por no trabajar, te has metido aguacil,
y la pobre Basilia, no la dejas vivir,
que le robas los cuartos para el chacolí”.

Desde la Edad Media en Miranda de Ebro se produjo caldo con variedades garnacha, tempranillo y viura (la dos últimas en menor proporción). Los cultivos de estas vides abarcaban a mediados del XVIII 322 Ha, y un siglo después habían aumentado hasta las 1.045,7 Ha. Al igual que Miranda, en esas calendas no pocos pueblos de las cuencas de los ríos Omecillo y Ebro blasonaban de su chacolí autóctono: Ameyugo, Ayuelas, Rivabellosa, Salcedo, Santa Gadea, Villabezana, Villanueva Soportilla... Se inició luego un espectacular descenso: si en 1884 Miranda de Ebro disponía de entre 490 y 700 Ha de viñedos, en la primera mitad de los años sesenta ya sólo quedaban 78 Ha.
Hablamos de “vino” y lo hacemos con pertinencia, pese a que no superara los 7 grados, dos por debajo del mínimo exigido actualmente para merecer tal consideración. El ajuste llegó a través del Estatuto de la Viña de 1970 que hizo del txakoli una excepción, y así lo confirmó el Reglamento sobre el vino de 1972 donde se definía como “vinos enverados y chacolíes” a
“los procedentes de unas uvas que por sus condiciones climáticas propias de determinadas comarcas no maduran normalmente. La graduación alcohólica natural puede ser inferior a nueve grados, admitiéndose, como mínimo, siete grados”.
Y concretaba a continuación su área de producción:
“Las comarcas en que estos vinos se producen se limitan a las regiones cantábricas, gallega, zona noroeste de la provincia de León y las zonas del Alto Penedés y Conca de Barberá”.
Enorme es la distancia que separa al antiguo “vino chacolín” (que aún hoy se elabora en ámbitos domésticos) del actual txakoli. El primero es un vino de acidez alta y nivel alcohólico bajo —que por ello a veces se tachaba despectivamente de “vinagrillo”—, de calidad no siempre satisfactoria y en cuya elaboración se aprovechaban uvas pobres o incluso las cosechas dañadas por el granizo que, inútiles para el buen vino, se vendían a bajo precio a los chacolineros. En cambio, el actual txakoli es sinónimo de vino de calidad que fermenta a partir del zumo de uva de parras específicamente elegidas, en una tierra, con unas condiciones ambientales y un proceso de producción peculiares. El txakoli que hoy se produce con la Denominación de Origen Txakoli de Getaria (D.O.T.G.) tiene una graduación mínima de 9,5º, medio grado más que lo exigido por la Normativa Europea.
Para nosotros el sustantivo “txakoli” tiene un significado y unas resonancias parejas a las de cualquier otro caldo de prestigio, cosa que no sucede en las comarcas del interior, como en Navarra por ejemplo, como así lo revela su mismo nombre: “vino chacolín”. Esta diferenciación léxica convendría mantenerla hasta tanto se verifique la desaparición de los “achacolinados”, al objeto de que quede claro que cuando hablamos de vino chacolín referimos un vino de mesa que no está homologado con el txakoli que se elabora con un estricto control de calidad.
En definitiva, como decían nuestros mayores, el txakoli debe ofrecernos a la nariz un olor agradable, a la vista un color amarillento y al paladar un sabor ligeramente agrio pero suave. Lo que un viejo dicho resume así:
“El queso sin ojos
y el chacolí
que chisporrotee
en los ojos”.
Juan Ignacio de Iztueta fue autor de una Historia de Guipúzcoa que vio la luz por primera vez en 1847. En un capítulo dedicado al txakoli, a la sazón en decadencia, se daban ejemplos de la autoctonía de este vino en un ayer ya distante. Escribía el gran folclorista:
“Las tierras de la jurisdicción de Guipúzcoa son tan buenas para la uva como para las manzanas. En memorables y numerosos documentos aparece que, antiguamente, solía haber abundantes y extensas viñas en esta provincia; y que no era legal ni importar de fuera ni vender dentro el vino importado, hasta tanto no se había consumido el vino chacolí elaborado con el dulce zumo de las viñas nativas. (...)
En lo antiguo era cosecha ordinaria del partido de San Sebastián el vino llamado vulgarmente chacolí, que si bien sencillo y de poco cuerpo, era tan ventajoso para pasto como el de Cabretón, Castro y el que se coge en otros pueblos marítimos de Guipúzcoa. En efecto era grande el consumo que se hacía de estos vinos del país, y las ordenanzas antiguas de San Sebastián confirmadas por los Reyes Católicos en 1489 prohibían introducir otros hasta que se consumiesen los chacolíes, lo que solía suceder por el mes de mayo; y aun a los soldados de la guarnición se les pusieron varias condiciones por cédulas de Felipe II y III, para hacer uso de vinos extraños, por no perjudicar a los del país. De ahí el comercio que aun en siglos remotos hacían los cosecheros de sus vinos, transportándoles libres de todo derecho a otras partes, según consta de un privilegio de Sancho II de 3 de abril de 1286; de ahí la antigua hermandad de Podavines, que como suena por el mismo nombre, se empleaban en podar viñas, a la cual confirmó sus ordenanzas la Reina Doña Juana en Valladolid a 7 de mayo de 1509, y erigió en Cofradía el Papa Sixto V”.
Esta documentada la existencia de cepas y vides en toda la península ya desde la entrada de los romanos, a pesar de que hasta el siglo XVI no aparezca el sustantivo “chacolín” en los documentos históricos. Exactamente hasta el año 1520, fecha de un legajo que quien esto escribe ha encontrado en los Archivos de la Real Chancillería de Valladolid. En él se habla de cómo en la Navidad de 1513, durante la guerra entre españoles y franceses por el dominio del reino de Navarra, se acantonaron en San Sebastián tropas que el concejo tuvo que alimentar adquiriendo, entre otros bastimentos, “3 pipas de medida de vino chacolín y 45 cántaros de sidra” (la pipa era una barrica de unos 500 litros). Siete años después su suministradora, María de Arranomendi vecina de Rentería, seguía reclamando el pago de los 41 ducados de oro adeudados.5
Salvo que algún colega investigador disponga de un texto de fecha aún anterior a 1520, esta mención será la primera cita al “vino chacolín” que conozcamos. Queda así superada la teoría de P. Arribas Briones, para quien chacolín es nombre del siglo XVII surgido en la comarca burgalesa de la Bureba.
El historiador mondragonés Garibay afirmaba en 1571 que nuestro “chacolín” era uno de los mejores vinos de la península. De opinión radicalmente distinta era el clero, que lo juzgaba inadecuado para las funciones litúrgicas, por lo que en 1698 las constituciones sinodales del obispado de Calahorra y la Calzada señalaban taxativamente:6
“Y en los lugares de Montaña o Marítimos, en que hay cosecha de vinos flacos y débiles que llaman comúnmente Chacolín, los quales, como son crudos y de fruto no maduro, comúnmente tienen punta de azedo o están dañados, mandamos que para el Sacrificio de la Missa no se use de ellos y en su lugar se gaste vino de Rioxa, Castilla o Navarra...”.
El paladar no le engañaba al señor obispo. Porque, en efecto, todo mueve a pensar que en nuestro país no se ha bebido buen txakoli hasta fechas relativamente recientes, ya que la parte mayor de aquellos vinos chacolines no tenían calidad ni merecían aprecio. En 1584 los vecinos del valle de Oiartzun pidieron la liberalización del comercio del vino con el contundente argumento de “que los propios dueños de las viñas que hacen cosecha en esta Provincia no quieren beber del chacolín de sus cosechas por ser pestilenciales”, de modo que consideraban injusto que a ellos se les obligara a consumir esos pésimos chacolines pudiendo beber vinos de mejor calidad.7
Ello no obsta para que en el siglo XVII abrieran sus puertas las primeras “tabernas de chacolín”,especializadas en la venta del aromático caldo que se servía en “chiquis”, medida usual de la época. La ubicada en el barrio de Itziar gozaba de gran reputación.
BIBLIOGRAFÍA.
1 ARRIBAS BRIONES, Pablo. El chacolí de Burgos. Vino heroico de la primitiva Castilla. Caja de Ahorros del Circulo Católico. Burgos, 1989.
2 BUSTAMANTE BRICIO, José. La Tierra y los Valles de Mena: Cosas de antaño y hogaño. Autor/Editor. Bilbao, 1987.
3 NUÑO GARCÍA, Ángel. El Valle de Mena y sus pueblos. Tipografía Artística. Santoña, 1925.
4 IZTUETA, Juan Ignacio de. Guipuzcoaco Condaira / Historia de Guipuzcoa. La Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao, 1975, p. 145-152 y 593-594.
5 Archivo real Chancillería de Valladolid. Registro Reales Ejecutorias Leg. C-347/78.
6 LETE, Pedro. Constituciones Synodales Antiguas y modernas del Obispado de Calahorra y La Calzada. Antonio González de Reyes. Madrid, 1700, p. 258.
7 DIEZ DE SALAZAR FERNÁNDEZ, L.M.; Ayerbe Iribar, M.R. Juntas y Diputaciones de Gipuzkoa. Diputación Foral de Gipuzkoa. San Sebastián, 1990. T. IX, p. 33.
Salvo que algún colega investigador disponga de un texto de fecha aún anterior a 1520, esta mención será la primera cita al “vino chacolín” que conozcamos. Queda así superada la teoría de P. Arribas Briones, para quien chacolín es nombre del siglo XVII surgido en la comarca burgalesa de la Bureba.
El historiador mondragonés Garibay afirmaba en 1571 que nuestro “chacolín” era uno de los mejores vinos de la península. De opinión radicalmente distinta era el clero, que lo juzgaba inadecuado para las funciones litúrgicas, por lo que en 1698 las constituciones sinodales del obispado de Calahorra y la Calzada señalaban taxativamente:6
“Y en los lugares de Montaña o Marítimos, en que hay cosecha de vinos flacos y débiles que llaman comúnmente Chacolín, los quales, como son crudos y de fruto no maduro, comúnmente tienen punta de azedo o están dañados, mandamos que para el Sacrificio de la Missa no se use de ellos y en su lugar se gaste vino de Rioxa, Castilla o Navarra...”.
El paladar no le engañaba al señor obispo. Porque, en efecto, todo mueve a pensar que en nuestro país no se ha bebido buen txakoli hasta fechas relativamente recientes, ya que la parte mayor de aquellos vinos chacolines no tenían calidad ni merecían aprecio. En 1584 los vecinos del valle de Oiartzun pidieron la liberalización del comercio del vino con el contundente argumento de “que los propios dueños de las viñas que hacen cosecha en esta Provincia no quieren beber del chacolín de sus cosechas por ser pestilenciales”, de modo que consideraban injusto que a ellos se les obligara a consumir esos pésimos chacolines pudiendo beber vinos de mejor calidad.7
Ello no obsta para que en el siglo XVII abrieran sus puertas las primeras “tabernas de chacolín”,especializadas en la venta del aromático caldo que se servía en “chiquis”, medida usual de la época. La ubicada en el barrio de Itziar gozaba de gran reputación.
BIBLIOGRAFÍA.
1 ARRIBAS BRIONES, Pablo. El chacolí de Burgos. Vino heroico de la primitiva Castilla. Caja de Ahorros del Circulo Católico. Burgos, 1989.
2 BUSTAMANTE BRICIO, José. La Tierra y los Valles de Mena: Cosas de antaño y hogaño. Autor/Editor. Bilbao, 1987.
3 NUÑO GARCÍA, Ángel. El Valle de Mena y sus pueblos. Tipografía Artística. Santoña, 1925.
4 IZTUETA, Juan Ignacio de. Guipuzcoaco Condaira / Historia de Guipuzcoa. La Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao, 1975, p. 145-152 y 593-594.
5 Archivo real Chancillería de Valladolid. Registro Reales Ejecutorias Leg. C-347/78.
6 LETE, Pedro. Constituciones Synodales Antiguas y modernas del Obispado de Calahorra y La Calzada. Antonio González de Reyes. Madrid, 1700, p. 258.
7 DIEZ DE SALAZAR FERNÁNDEZ, L.M.; Ayerbe Iribar, M.R. Juntas y Diputaciones de Gipuzkoa. Diputación Foral de Gipuzkoa. San Sebastián, 1990. T. IX, p. 33.
8 Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa (AHPG). Tolosa. Asteasu. Leg. 1.626, fol. 80.

MIRANDA. EL OTRO CAMPO DE CONCENTRACIÓN

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Barracones para nazis y judíos
5 April, 2010 on 7:57 am | En II Guerra Mundial, Guerra Civil, Historia de España |

Miranda de Ebro fue el último campo de concentración en clausurarse - En la II Guerra Mundial albergó a 15.000 extranjeros, entre ellos a dos futuros Nobel
Julián Moreno tuvo la osadía de tener hambre y comer. En el basurero del campo de concentración de Miranda de Ebro descubrió un manjar: cáscaras de naranja. A los militares no les gustó. “Le ponían una moneda en la frente y contra la pared, teniendo que sostenerse en una sola pierna. Cada vez que se le caía tenía que recogerla y en ese instante los soldados le propinaban una paliza. Cada vez aguantaba menos, cada vez las palizas eran más frecuentes, así durante horas”, contó el testigo Julián del Olmo, también prisionero. El otro Julián, el que tuvo la osadía de comer cáscaras, murió maltratado en Miranda de Ebro, el último campo que cerró sus puertas en España (1937-1947). Lo cuenta el periodista Isaías Lafuente en Esclavos por la patria (Temas de Hoy), una obra que destapó lo silenciado: los trabajos forzosos de presos políticos de los que se beneficiaron instituciones públicas y empresas privadas durante el franquismo.
La documentación custodiada durante décadas en el Tribunal de Cuentas, hurtada a los investigadores hasta 2008, ayudará a esclarecer más aspectos de lo ocurrido en los 132 campos de concentración que se registran en ese fondo. Hubo alguno más: hasta 190, según el historiador Javier Rodrigo. Tal vez cuando se cruce la información del Tribunal de Cuentas, disponible desde esta semana en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, con la existente en los archivos militares de Ávila y Guadalajara se pueda trazar el mapa definitivo de los campos franquistas, a los que la historiografía ha comenzado a dedicar atención en los últimos años.
José Ángel Fernández López no es historiador, pero ha vivido 20 años obsesionado con el campo de Miranda de Ebro. En ese tiempo, ha rastreado las identidades de sus prisioneros, ha recopilado fotografías tomadas por extranjeros y ha narrado la evolución del recinto en un libro: Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947). “Se construyó inicialmente con el material de un circo abandonado, cerca de la vía del tren y del río Bayas”, explica. El tren facilitaba el trasiego de prisioneros en vagones de ganado y mercancías. El río impidió infecciones mayores. “No había letrinas al principio. Los presos construyeron un andamiaje hasta el centro del río para usarlo como letrina”, describe.
En su diseño, Miranda de Ebro se asemejó a los campos alemanes, con sus barracones y alambradas para cercar cuatro hectáreas. En su finalidad, por fortuna, no. En los campos franquistas se recluía, se clasificaba y se reeducaba. A estos criterios se ajustó al principio Miranda de Ebro. Tiempos duros. Los de las cáscaras de naranja, el hambre, el frío, el tifus, la disentería, las palizas. Son los días en los que fallece Julián Moreno, cuando el campo acoge a derrotados que se clasifican -afectos, desafectos o indiferentes al nuevo régimen- antes de decidir si engrosarán los batallones de trabajo, quedarán en libertad o se someterán a un consejo de guerra.
Las altas y bajas mensuales de cada campo remitidas al Tribunal de Cuentas muestran un cambio en Miranda de Ebro durante la II Guerra Mundial. Sólo en agosto de 1943, el listado detalla la identidad de 3.265 extranjeros: alemanes, italianos, polacos, franceses, apátridas (la etiqueta aplicada a los judíos por el régimen español). Se desataron tales conflictos entre ellos que se delimitaron dos áreas. “Había una alambrada entre las zonas para evitar enfrentamientos, pero el trato que recibieron los alemanes era distinto, tenían incluso permiso para pasear por el pueblo”, explica José Ángel Fernández.
Por el campo pasaron 80.000 prisioneros, en los que se incluyen 15.000 extranjeros, la mayoría de nacionalidad francesa. Entre ellos, José Ángel Fernández descubrió la presencia de Jacques Monod y François Jacob, que merecieron el Premio Nobel de Medicina en 1965 por sus trabajos en biología molecular, según la información que le facilitaron ex combatientes franceses de la II Guerra Mundial. También hubo “celebridades” del otro bando en Miranda de Ebro, como Walter Kutschmann, un criminal de guerra que tuvo varias vidas. En su vida de jefe nazi ordenó ejecutar a 1.500 judíos en Polonia. Cuando Kutschmann olfateó la derrota, aprovechó su traslado a Francia, desertó y cruzó los Pirineos. Y comenzó otra vida en el campo de concentración de Miranda de Ebro, que abandonó bajo la identidad de un carmelita. Llegó a Argentina en 1947 donde vivió como jefe de compras de la casa Osram sin llamar la atención hasta que el cazanazis Simon Wiesenthal le identificó en 1975.

ANARKISMO EN ESPAÑA

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Estamos obligados a dedicar capitulo aparte al anarquismo en España, no sólo por el hecho de que la página se publica en nuestro país, sino porque, por razones que son y probablemente serán misteriosas, es en España donde, desde el primer día que hubo una formulación clara y concreta del anarquismo, éste adquirió más base popular, más arraigo e influencia que en el resto del mundo.
Los que han examinado el fenómeno con visión simplista, han deducido que prendió antes y mejor en España porque era nuestro país, en el siglo XIX, uno de los países pobres de Europa. Pero les desconcierta el hecho de que fuera en Cataluña, región tradicionalmente próspera y la más avanzada de España en todos los sentidos, donde primero se constituyeron grupos anarquistas y donde la idealidad libertaria adquirió antes prestigio e influencia.
Y es que, en realidad, el anarquismo nada tiene que ver con el estado de atraso ni de miseria de los pueblos. Es una toma de conciencia individual que lo mismo puede producirse en el campesino iletrado que en el obrero rebelde, que en el intelectual o el aristócrata inquieto y atormentado por el problema de la justicia y de la felicidad entre los hombres. Y es precisamente hasta en las regiones más pobres, entre los hombres más ilustrados, más capaces, donde se manifiesta primero la simpatía y después la adhesión al anarquismo.
En España existe, por otra parte, una larga tradición rebelde y libertaria, que nos viene de la Edad Media y que se engarza en la mezcla de razas y en la propia geografía. El español es anarquista por temperamento, por carácter, por fiereza, por amor a la libertad, por independencia y porque, confusamente, siempre ha sabido o intuido que sólo en un orden social como lo conciben los anarquistas se sentirá bien v conseguirá realizarse plenamente.
Sin entregarnos a ninguna euforia de tipo racista, hemos de decir, sin embargo, que antes incluso de que llegaran a España las ideas anarquistas claramente formuladas en la obra de Proudhon, traducido al español por Pi y Margall, había ya aparecido en España un primer periódico anarquista en 1845: "El Porvenir", que editaron Ramón de la Sagra Peris y Antolín Faraldo. Este periódico apareció en Santiago de Compostela y fue suprimido por un decreto del general Narváez.
Ramón de la Sagra. su redactor principal, es el primer anarquista que hubo en España. Las obras de Puoudhon no fueron traducidas por Pi y Margall más que en 1854.
Por lo demás, Ramón de la Sagra, emigrado a París víctima de la persecución de Narváez, se unió a Proudhon y le ayudó a fundar su "Banca del Pueblo" No es un secreto para nadie que cuando llegó a España Fanelli, para fundar la Sección Española de la Primera Internacional, en España existían ya grupos anarquistas, compuestos por individualidades que trabajaban en diversos sentidos, fundando Fomentos de las Artes, Centros de cultura o dedicándose a otras muchas actividades propagandísticas y culturales. Como existían ya las llamadas Sociedades Obreras de Resistencia al capital, que fueron los primeros núcleos organizados de la Internacional.
Por lo demás, la mayor parte de los federales de la época como Joarizti, Bohórquez, Pi y Margall y tantos otros. sintieron simpatías por el anarquismo, y su concepción de la República por la que combatían difería mucho de lo que fue la proclamada en 1871 y que tan efímera vida tuvo.
El anarquismo español poseyó desde sus orígenes, muchos y muy interesantes hombres, en los que se confundieron todas las clases sociales, desde médicos como los doctores Soriano, García Viñas, y Gaspar Sentiñon, a obreros tipógrafos como Anselmo Lorenzo y Rafael Farga Pellicer, pasando por campesinos ilustrados como Francisco Rubio, de Montejaque.
Estos hombres, desde el primer día, hicieron suya la convicción de Bakunin de que era entre los trabajadores donde debían sembrarse las ideas libertarias porque era la fuerza del proletariado organizado la sola que podría, en un mañana que se esforzaban de aproximar lo más posible, destruir la sociedad capitalista e instaurar una sociedad sin clases.
De ahí que las figuras más señeras del movimiento obrero, lo mismo antes de la Internacional que después de ella, actuaron entre los trabajadores y se confundieron con ellos. Más tarde, esta posición, históricamente sostenida durante medio siglo, fue definida con el nombre de anarco-sindicalismo.
Otro fenómeno curioso y que debe ser destacado, cuando del anarquismo en España se habla, es que, así como en los demás países la preocupación por las formas de organización de la sociedad no acostumbraba a ser motivo ni tema de discusión en Congresos, en España constantemente ello les preocupaba... Quizá porque es el país donde más cerca y más viable hemos visto la realización de una sociedad libertaria, por su impregnaci6n del ambiente y porque las propias evoluciones de su historia en diversos mementos nos han hecho esperar un cambio posible. Quizá esto explica también el encarnizamiento con que han sido en España perseguidos los anarquistas, a lo largo del siglo XIX y en todo lo que va del XX.
Las clases poseedoras han tenido conciencia de que en el anarquismo residía un peligro de destrucción de sus privilegios y que los métodos y tácticas del mismo convertirían a la clase obrera en un formidable instrumento de combate.
Por lo demás, los obreros comprendieron muy bien que sólo las tácticas y los principios imprimidos por la influencia libertaria en el movimiento obrero, podían acelerar la emancipación de los trabajadores, que según el lema de la Primera Internacional, sólo puede ser obra de los trabajadores mismos... Esto explica igualmente la tenacidad con que han renacido las organizaciones obreras destruidas por las persecuciones y cómo de nuevo, fielmente, los trabajadores las han poblado con su presencia. Tantas veces como fue disuelta la Confederación de Trabajadores, que sucedió a la Sección española de la Primera Internacional, fue reconstituida. Cuando, en 1910, este movimiento obrero, numerosas veces aniquilado, se articuló nacionalmente con el nombre de C.N.T., ¡cuántas veces fue también juzgado muerto! Como nueva Ave Fénix, renació siempre de sus cenizas, no faltando nunca en sus filas los que habían sido y continuaban siendo sus orientadores, los que, confundidos con los trabajadores, alentaban el espíritu de protesta y conseguían mejoras en la condición de los explotados.
Sería, no obstante, limitar la acción libertaria, si la circunscribiéramos a la simple intervención de los anarquistas en el movimiento obrero. Son centenares las revistas publicadas, los periódicos. Se suman por millares los libros y folletos editados. Desde las Escuelas laicas de Gabarró, a las Escuelas racionalistas que se multiplicaron en España en los anos que van de 1915 a 1936, pasando por el ensayo heroico de Ferrer i Guardia, que quiso crear una Escuela Moderna en España (ensayo que le costó la vida, ya que fue muerto fusilado por el solo crimen de haber intentado fundar una escuela liberada de la influencia religiosa en un país donde la Iglesia era todopoderosa y su criterio y sus procedimientos impregnados todavía del espíritu de la Inquisición), la labor libertaria fue múltiple, constante y lo abarcó todo, sin descuidar ningún aspecto.
Precisa haber vivido, bañado en lo que era la atmósfera libertaria, el fervor y la fiebre de actividad permanente, para comprenderlo y explicarse muchas cosas.
Cabe además destacar que el anarquismo en España jamás fue algo estático ni uniforme. Hubo siempre individualidades independientes, que crearon revistas, periódicos, editoriales. Señalemos, por ejemplo, Serrano Oteyza, fundador de "La Revista Social", Federico Urales y Soledad Gustavo, fundadores de "La Revista Blanca" -dos épocas: 1898-1905; 1923-1936 y una importante editorial, en la que se publicaron muchas obras anarquistas y otras que no lo eran, pero pertenecían al acervo común de la literatura universal. como "La Reacción y la Revolución", de Pi y Margall, y "Las grandes corrientes de la literatura en el siglo XIX•, de George Brandés.
Tampoco fue jamás exclusivista en la interpretación de las ideas. Hubo, eso sí, polémicas apasionadas entre anarquistas colectivistas y anarquistas comunistas. La fórmula colectivista: A cada uno el producto íntegro de su trabajo, pareció fuente de desigualdad y de injusticia a Kropotkin y algunos otros pensadores anarquistas. Aquel que, más fuerte que los otros, produciría más, poseería por derecho propio más bienes que el débil o enfermo. De ahí que lanzasen la fórmula comunista: De cada uno según sus fuerzas; a cada uno según sus necesidades.
Hubo anarquistas españoles, como Mella, que jamas dejaron de llamarse colectivistas. Pero la mayoría se inclinó muy pronto hacia el comunismo, que se adjetivó libertario, para diferenciarse del comunismo autoritario o marxista. Otros, como Urales y como Tarrida del Mármol, resolvieron el problema llamándose anarquistas a secas.
El anarquismo estuvo organizado generalmente en grupos de afinidad, que, a su vez, se federaban entre sí, constituyendo Federaciones Locales de Grupos. Esto fue así hasta que, en 1927, se creó en Valencia la Federación Anarquista Ibérica, englobando España y Portugal. Pero de eso hablaremos más tarde.
El movimiento anarquista, en España, consiguió movilizar de tal manera la opinión pública, que, a base de campañas de Prensa, se consiguió el indulto de los presos supervivientes del Proceso de Montjuich y después de los que aún vivían en los presidios de África, supervivientes de los procesos de la Mano Negra y de Jerez.
Se sabe hoy, que el proceso de la Mano Negra fue inventado por los servicios policíacos y de la Guardia Civil para justificar la destrucción, en Andalucía, de lo que restaba allí de la Internacional. Se sabe hoy también que el proceso llamado de Montjuich, en el que fueron fusilados cinco anarquistas en 1896, fue en realidad un remedo del que costó asimismo la vida a cinco anarquistas en Chicago, en 1886. Una bomba fue arrojada al paso de la procesión del Corpus, en la calle de Cambios Nuevos, en Barcelona. Hubo víctimas e inmediatamente se atribuyó el hecho a los anarquistas. Sin embargo, más tarde se ha sabido que el autor del atentado, un agente provocador al servicio de la policía, logró salir de España y fue a para a la Argentina.
Pero ello sirvió para encarcelar, torturar, fusilar y deportar a los anarquistas, para poner fuera de la ley a la organización obrera por ellos orientada, la Federación de Trabajadores, y para desarticular todo cuanto, en materia de centros culturales, de escuelas laicas y de Ateneos tenían organizado los anarquistas.
Antes de que tal objetivo se obtuviera por los medios a que antes nos hemos referido, los libertarios catalanes habían organizado los dos Certámenes socialistas, de los que restan los trabajos premiados, reunidos en dos volúmenes, obra rara e inapreciable, que sólo puede encontrarse en algunas bibliotecas.
Pese a todo, enterrados los muertos, vueltos los desterrados, liberados los supervivientes, el movimiento anarquista reanudó sus actividades, llegando, en 1900 a publicar en Madrid hasta un diario, "Tierra y Libertad" fundado por Urales y Soledad Gustavo y al que ayudó económicamente Ferrer i Guardia.
Figuras señeras del anarquismo en España, son, por orden más o menos cronológico, los internacionalistas Tomás González Morado, Rafael Farga Pellicer, Pellicer Paraire, sobrino del anterior; los doctores Gaspar Sentinon, José García Vinas y Trinidad Soriano; los periodistas José Llunas y E. Borrell, Juan Serrano y Oteyza, editor de "La Revista Social" y suegro de Ricardo Mella, que casó con su hija Esperanza; Fermín Salvoechea, símbolo del espíritu de revuelta de la región andaluza, fundador del periódico "El Socialismo", en Cádiz, antiguo federal y cantonalista, ganado pronto por el anarquismo; Anselmo Lorenzo, juzgado con justicia padre espiritual de la CNT (2) internacionalista que continuó y abrazó con entusiasmo y perseverancia las ideas de Bakunin, trabajando sin descanso por la constitución de una organización obrera poderosa y que reuniera el mayor número posible de afiliados; Ricardo Mella, el pensador más profundo con que ha contado el pensamiento anarquista en España; Fernando Tarrida del Mármol, ingeniero y escritor, orador asimismo -hablaba con la misma facilidad e igual elocuencia en tres idiomas: el español, el francés y el inglés-; Pedro Esteve, escritor y propagandista, emigrado a Estados Unidos, donde dio vida a un semanario ("Cultura Obrera") y animó al movimiento libertario de habla española; Teresa Claramunt, oradora obrera de natural elocuencia, muchas veces encarcelada y deportada a Inglaterra en el memento del proceso de Montjuich, verdadera encarnación ibérica de la Luisa Michel francesa; Federico Urales, escritor, publicista, novelista, cuya obra marcó profundamente el pensamiento español; Soledad Gustavo, su compañera, que le secundó en sus campañas y en su esfuerzo propagandístico. Más tarde hablaremos de los que aparecieron después y que llenan la historia del movimiento anarquista en los anos que se escalonan entre la Revolución rusa de 1917 y la Revolución española de 1936.
Precisa mención aparte un hombre, cuyo nombre no es generalmente citado. Nos referimos a José López Montenegro, antiguo coronel del ejército español, pasado al anarquismo y el primer propagador en España de la huelga general como arma total contra el capitalismo. Ayudado asimismo por Ferrer i Guardia, publicó un semanario. "La Huelga General", dedicado a propagar este método de lucha, consiguiendo que él fuese muy pronto adoptado en España por la clase trabajadora.
También precisa mención aparte, por su singular personalidad, Francisco Ferrer i Guardia. Procedía éste del republicanismo, pero estuvo siempre obsesionado por la idea de fundar una escuela moderna en España. Consiguió ganar a su tesis a una vieja señorita francesa de ideas avanzadas, Mademoiselle Meunier, que le dejó toda su fortuna, para realizar lo que era el objetivo de su vida: crear en España esa escuela moderna, imaginada por su espíritu de librepensador. Porque Ferrer, en sus comienzos, no era más que un francmasón y librepensador.
Pero al contacto de sus amistades parisinas -Malato, Paraf-Javal, el doctor Paul Robin, Madeleine Pelletier y sobre todo Léopoldine Bonnard, señorita de compañía de Mlle. Meunier y que fue más tarde la compañera de Ferrer y la madre de su hijo Riego, le hicieron concebir las ideas anarquistas. Al fundar, pues, la Escuela Moderna, se rodeó sobre todo de anarquistas, siendo uno de sus hombres de confianza Anselmo Lorenzo, al que hizo director de sus ediciones.
Ya que además de las escuelas que fue fundando, sobre todo en Cataluña, la Escuela Moderna se dedicó a la edición de libros de texto que pudieran servir al fin propuesto: crear una pedagogía libre que preparase a los futuros hombres para la libertad. Fue una calumnia desprovista de toda base real, la que hicieron circular los clericales y los reaccionarios, sobre el adoctrinamiento anarquista de las criaturas. Aún mayor infamia el acusar a los pedagogos que secundaron a Ferrer de que enseñaban a los niños el manejo de las armas y la fabricación de explosivos. Se acusó también a la Escuela Moderna que, anticipándose casi medio siglo a la pedagogía moderna, practicaba la escuela mixta, de alentar las experiencias sexuales entre niños y niñas de diez o doce anos. Todo era mentira y en realidad la Escuela Moderna se limitaba a enseñar de acuerdo con lo que eran concepciones pedagógicas de María Montessori, de Froebel, Clemencia Jacquinet, y que más tarde Jean Zay convirtió en reglas pedagógicas de la enseñanza en Francia.
Pero Ferrer, además de un aficionado a la pedagogía, era un revolucionario. Estaba convencido de que sólo transformando la sociedad e instaurando otro orden social, podría realizarse la liberación integral del hombre. Por ello ayudó económicamente a Urales y Soledad Gustavo para convertir "Tierra y Libertad", semanal, en diario, ayudó después a López Montenegro a publicar y propagar "La Huelga General", en la que Ferrer veía un medio revolucionario, al movilizar en bloque a la clase obrera.
Colaboró en la Prensa libertaria utilizando el seudónimo Cero, defendiendo las tesis que le eran familiares y a las que dedicó su vida.
Cuando se produjo el atentado de Mateo Morral, el día de la boda de los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1907, se acusó a Ferrer de ser el instigador del gesto de Morral, que era un empleado de la Escuela Moderna. Se tejió una novela en torno de la pasión de Morral por Soledad Villafranca, compañera de Ferrer en la época. Leopoldina Bonnard y Ferrer se habían separado.
Todo ello son conjeturas. No está en mi ánimo ahondar en ellas ni es éste el motive de este libro. Lo cierto es que nada pudo comprobarse contra Ferrer, que fue absuelto en el proceso intentado contra él -por cierto que en aquellos días Ferrer fue defendido por Melquiades Alvaret.
Pero el cuarto militar del rey y las fuerzas conservadoras de la época habían condenado a muerte a Ferrer. Y se aprovechó la Semana Sangrienta de Barcelona, en julio de 1909, en la que ninguna intervención tuvo Ferrer, como se ha demostrado más tarde y no ciertamente por escritores ni historiadores libertarios, para encarcelarle, acusarle, juzgarle y fusilarle, a pesar del clamor internacional levantado a favor suyo.
El proceso contra Ferrer, su muerte, la destrucción de la Escuela Moderna, el encarcelamiento y deportación de Anselmo Lorenzo y los más próximos colaboradores del condenado, la represión general desencadenada, todo ello dio a España una celebridad que en nada sirvió a la imagen que, de nuestro país, los españoles liberales hubieran deseado dar al extranjero. Se ponía de manifiesto el poder omnímodo de la Iglesia, los métodos inquisitoriales todavía practicados en España y el divorcio profundo entre lo que se dio en llamar las dos Españas.
La Escuela Moderna había hecho ediciones prestigiosas, como fueron la de "El Hombre y la Tierra" vertido al español por primera vez, "Preludios de la lucha", de Pi y Arsuaga, hijo de Pi y Margall, "Sembrando Flores", de Federico Urales, del que se han hecho centenares de ediciones, "Las Aventuras del Nono", de Jean Grave, libros de lectura para niños difícilmente superables, numerosas obras científicas de Kropotkin, una "Historia de España", de Nicolás Estébanez, que fue el primer libro de texto dando a los niños una versión de la historia de nuestro país, en la que las guerras y los caprichos de los reyes no ocupaban el lugar principal.
Es imposible citar toda esta labor editorial, completamente ecléctica, libre de todo sectarismo. Pues Ferrer se rodeó de hombres como Lorenzo, anarquista conocido, tuvo como amigos y colaboradores a Tarrida y a Malato, pero también tuvo como director científico y literario a Odón de Buen y otras eminentes figuras del pensamiento liberal español.
Es precisamente contra todo esto que se urdió el complot la muerte de Ferrer y la destrucción de la Escuela Moderna, sus ediciones y su labor pedagógica. Muchos de los maestros que Ferrer había reclutado fueron encarcelados y deportados, como, por ejemplo, Casasola... Sin embargo, esos maestros y otros como ellos fueron los que, sólo cuatro o cinco años más tarde, empezaron a animar las escuelas racionalistas que los sindicatos obreros de la recién nacida C.N.T. sostenían económicamente.