AMOR, (2012)

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AMOR (2012), (127 minutos aprox.)

TÍTULO ORIGINAL: Amour (Love)

DIRECCIÓN Y GUIÓN: Michael Haneke

MÚSICA: Tomada de piezas de Franz Schubert, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach

FOTOGRAFÍA: Darius Khondji

REPARTO: Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert, William Shimell

Coproducción Francia-Alemania-Austria

PREMIOS EN 2012 Y 2013: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. 5 Nominaciones, incluyendo película, Festival de Cannes: Palma de Oro (Mejor película), 5 Premios César, incluyendo mejor película y director. 10 nominaciones, Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa, Premios del Cine Europeo: Mejor película, director, actor y actriz. 6 nominaciones, Critics Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa. 2 nominaciones, 2 Premios BAFTA: Mejor película extranjera y actriz (Riva). 4 nominaciones, Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera, Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera, National Board of Review (NBR): Mejor película extranjera, Asociación de Críticos de Los Ángeles: Mejor película, Satellite Awards: Nominada a Mejor película extranjera y mejor actriz (Riva), Premios Guldbagge: Mejor película extranjera
SINOPSIS: Georges y Anne, los ochenta cumplidos, son dos profesores de música clásica jubilados que viven en París. Su hija también se dedica a la música, y vive en Londres con su marido británico. Un día, Anne sufre un infarto. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba. (FILMAFFINITY)

CRÍTICAS SESUDAS O ALGO ASÍ.

"Magnífica en su simplicidad y en su implacable honestidad acerca de la vejez, la enfermedad y la muerte (...) No hay un paso en falso ni una sola escena superflua" (Deborah Young: The Hollywood Reporter)
"Obra maestra (...) Una tierna, desgarradora e impecablemente dirigida historia sobre el amor y la muerte" (Manohla Dargis: The New York Times)
"Deslumbrante y lúcido paseo de Haneke por el dolor y la muerte. (...) pese a la aparente frialdad, cada segundo de metraje conmueve. Conmociona y arrasa." (Luis Martínez: Diario El Mundo De Pedro Jota)
"Haneke se muestra casi tierno (...) realiza una aproximación rigurosa a la vejez sin caer en el tremendismo y evitando el inútil ternurismo (...) Una película que, de alguna manera, humaniza a Haneke. Lo reconcilia con la vida." (Salvador Llopart: Diario La Vanguardia)



UNA CRUEL Y REAL PELÍCULA:

“Una chica por detrás, dejó escapar uno de los pocos comentarios que los impresionados espectadores hicimos mientras nos encaminábamos algo aturdidos hacia la salida: "Parece que venimos de un velatorio" (Comentario vertido desde Filmaffinity)

¿Puede la muerte ser tan amarga y tan odiosa como nos la ofrecen a los que seguimos vivos cuando desaparece entre sus fauces un ser querido, un ser amado? ¿Puede la muerte ser un puente para que un espíritu cansado se libere de sus ataduras, harto ya, aún a pesar de dejarnos morir porque no queremos que ese ser amado desaparezca? ¿Puede la muerte ser un agobio, una prueba de resistencia para los que permanecen atados a la monotonía del día a día cuando nos abandonan irremediablemente? ¿Seríamos capaces de matar por amor, de que no nos importen las cadenas sociales cuando quitamos el respirador al ser que más amamos, al que más queremos y todo por amor? ¿Podrán nuestros descendientes, nuestros mismos hijos compartir la agonía que compartimos con nuestro ser querido que nos agoniza, que se nos va, de compartir nuestra agonía por amor? ¿Llegarán a entenderlo algún día hijos, vecinos, conocidos o magistrados?

El sobrio director alemán Michael Haneke (“La Cinta Blanca”, “Funny Games”) nos sumerge en su última y sobrecogedora película “Amor” en un debate interno del que nadie puede salir bien parado. Sobre todo si ya se frisan los sesenta, notas que te estás agotando física, síquica o emocionalmente, o si una enfermedad terminal y agónica te acompaña. Y ahí, la edad no importa. Nos daremos cuenta tarde y a regañadientes que los demás que creíamos seres queridos y que tendrían que estar a tu lado, se despojan de su armadura, se muestran tal y como son y desaparecen para siempre. Si se tiene algo de suerte te pueden quedar a lo sumo, un par de compañeros indesmayables. Alguien que piensa en ti y La Soledad, eterna compañera de locos y ancianos que nunca falla a su cita. Como la Muerte. Otra cosa será que luego los allegados que han desaparecido tengan remordimientos de conciencia cuando el final no tiene remedio y se echen las manos a la cabeza por su desidia insolucionable.

Sin rozar nunca el melodrama lacrimógeno, salvo acariciarlo suavemente en contadas escenas que encogen los ánimos, que son capaces de mostrarnos diez minutos de angustia ante el final predicho sin mover apenas la cámara, Haneke nos obliga a debatirnos, a cuestionarnos, si al cabo de los años seguiremos teniendo las convicciones que atesorábamos de jóvenes, si perdurará esa alegría y esa lucha por el Saber, por el Vivir y por Respirar o si podremos llegar al límite físico y síquico aunque nos duela y aunque nuestros descendientes y vecinos no nos lleguen nunca a entender. Haneke va más allá y nos lo presenta a través de un dúo de ancianos octogenarios que agonizan cada uno a su manera (excelentes con diferencia del resto del elenco, menos la intervención de Isabelle Huppert, tanto Jean-Louis Trintignant como Emmanuelle Riva).





En un escenario fantasmal, con una triste fotografía ocre (Darius Khondji, “Seven”), el domicilio de esta pareja se asemeja a un panteón para muertos en vida que ven como la misma se les escapa de las manos. De una parte la degeneración provocada por una enfermedad y de otra la imposibilidad de mejorarla, de paliarla o de ralentizarla. Para eso el rol de Trintignant recurrirá a todos los imposibles ante la amada persona que se le va de entre los dedos, para llevar a cabo una idea tan pensada, tan lícita que esa sería la opción acertada para muchos como descabellada sería para cerebros y mentes de un dedo escaso de grosor.

“Amor” es una película triste, muy triste y muy desasosegante (podría pasarnos a cualquiera) pero real y dramáticamente cruel. La apoya una banda sonora que hará las delicias de más de un melómano y una fotografía (ocre, muy ocre, insisto. Con muchos claroscuros) que podría forzarnos a ver un gris completo, un gris idéntico a la vida de los protagonistas, a una pareja que asume la tragedia que se les avecina y que intentar dar bocanadas donde el aire ya no existe y la asfixia que les invade llegará a ser total. La humillación de todos los personajes (cada uno se siente humillado e impotente a su manera) está latente en toda la cinta pero la debacle, el terror del día a día, la desesperación no aflora. Haneke solo nos deja intuirlo, sin matices, para que seamos nosotros mismos los que vayamos tejiendo la urdimbre del ocaso, con toda la crudeza que es capaz sin llegar a aterrorizarnos. Para sentir miedo ya lo tendremos en la calle con nuestros allegados. Eso se podrá convertir en pánico, pero el director ya nos había avisado.

Viendo "Amor" me ha sido imposible no relacionarla con cintas como: "Dejad paso al mañana" (Leo McCarey), "El hijo de la novia" (Juan José Campanella), "Cuentos de Tokio" (Yasujiro Ozu), "En el estanque dorado" (Mark Rydell) o el final de “Muerte en Venecia”. Y aunque la trama no es exactamente la misma, otra despreciada por muchos por lacrimógena y española: “Y tú ¿Quién eres?”

Por cierto. ¿He sido yo el único que ha visto en la película dos finales encadenados entre sí que se unen con el principio, como si todo el film fuera un tour de forcé a base de flash back?

Para acabar. Si estuviéramos en la piel de Trintignant, ¿Haríamos lo mismo? ¿Amaríamos hasta ese punto? Película recomendable al cien por cien y ya lo siento que estas notas lleguen con retraso porque el estreno y este comentario llevaban días hechos. Pero es lo que hay. Cosas de fuerza mayor. Atrévanse a verla y vívanla.

LOS SONIDOS DEL SILENCIO. (Felicitar a ciegas)

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No quiero pecar de pretencioso pero esta es una de las pocas maneras por no decir la única que se me ocurre de felicitar su 26 cumpleaños a Adrián. No veo otra forma. Así que, estés donde estés, que pases un buen día, nene.

No sé a ciencia cierta quién puso de moda esto de celebrar días determinados al año porque por motivos que no vienen al cuento, yo no celebro últimamente ni salir de chufla y prefiero celebrar cuando me salga de entre ese sitio que todos pensamos. Lo cierto es que esto de las festividades, según dicen beatas, meapilas, purpurados de la curia y allegados, Aquél que curro nada más que seis días en toda su larga vida, descansó el séptimo día un tanto inseguro (¡con lo que es Él!), horrorizado de lo que había creado (peor imposible salvo escasas excepciones), apesadumbrado de lo que había hecho (¡Jesús, Jesús, Jesús…!, Ay de Aquel, que todavía no estaba por estos andurriales, la que le esperaba), sabiendo de sobra que le iba a salir el tiro por la culata, se auto columpió, pasó de todo, empezó a ponerse mandón, para variar y dijo que el domingo era para sus muelas y que había que santificarlo como correspondía. Como Dios manda. En su honor y esas cosas. O eso es lo que machaconamente nos han ido contando por saecula saeculorum. Amén.

No van por ahí los tiros en lo que viene a continuación pero por apostar, envidiosillo que es el Hombre y viendo que de agasajos, “fiestuqui” celebracional y recordatorios, se podía sacar una buena tajada con el merchadising, todo un pastizal, se puso a alabar, no solo un día a la semana, sino que cualquier día era bueno para él. De entrada, pillarse un acueducto en vez de un puente y también, por sacar tajada, para un recordatorio, para celebrar una onomástica, para que la efeméride de que “tal día como hoy” un país se pasó por el arco de triunfo a treinta mil y la madre, para inmortalizar al que la había palmado y para que nos acordemos, maldita la gracia, del sum, sum, corda.

A un nivel más íntimo y más satisfactorio, estas conmemoraciones podrían valer para felicitar al que en ese día había nacido, había visto la luz, aunque luego fuesen tinieblas y con ese instante se te hubiese arreglado el cuerpo, el espíritu y la continuidad de la especie. De tu especie. A fin de cuentas, al final se trata de eso. O a lo mejor no. Demasiadas cosas y sensaciones. Demasiadas alegrías y sinsabores. Demasiadas satisfacciones y pesadumbres. Y todas mezcladas en la misma probeta y en el mismo tubo de ensayo. Es lo que tiene la química. Demasiados ingredientes y muchas veces mezclados con mucha mala uva, como hecho adrede.

Todo eso del “Happy Birthday to you” está muy bien sobre todo si los agasajadores y el rey del mambo están presentes y no de cuerpo presente. Ahí sí que se le puede echar mano al cordero, que no falte, al vino, a la tarta, a soplar velitas para que se cumplan misteriosas ilusiones, a lo que se tercie y a llevarse bien por unas horas, que no somos para un día. Y cuando pasa ese día, el día siguiente tiene nombre de cadena perpetua, más cercano el fin, en cualquier cárcel, como es la de esta vida y de vidas pasadas. Nadie se va a quedar aquí ni para simiente de orégano. “Ya tengo equis tantos años y un día”. Casi dan ganas de tirar la toalla para no reencarnarse en nada de una puñetera vez, no vaya a ser que resurjamos en el alma de una sabandija. Y no me refiero a los políticos que esos son las peores. No nos va a ir mejor, visto lo visto. Con los políticos que tenemos, tampoco.



Cuando no se está delante, sino a miles de metros o más, o a cientos de metros, incluso a la vuelta de la esquina, inclusive orbitando en nuestro planeta Marte particular, decir en voz alta “¡felicidades, chaval (chavala)”! pueden ser los sonidos del silencio. ¿Quién es el que tiene un emisor de ultrasonidos para prestar? ¿Quién es que tiene el receptor adecuado para esas frecuencias? ¿Quién es el guapo, guapa, bonito de cara? Pero no hay que desanimarse. Se puede contar con los corre-ve-y-diles de turno que se lo curran y ya se lo contarán al interesado aunque sea cien años después cuando los que queden estén también calvos.
Yo he pergeñado, he ideado, he soñado, me he devanado la sesera para que, aunque sea a hurtadillas porque no estoy interesado en destacar, en provocar, en volver a empezar ni nada que se le asemeje (de momento, nunca se sabe, ni si este cura es tu padre) que una felicitación de esas, que no una postal de Navidad que aborrezco, llegase a buen fin, a su destinatario. Y he llegado a una solución clara y definitiva. El, la, mozo, moza del cumple, que se dé por felicitado, tal cual, que ya se encargarán de contárselo tarde o temprano. Este mundo es un pañuelo y estás cosas, y gracias al que sea, no son una payasada. ¡Ay, los payasos! Gente seria como los payasos de la tele, Fofito incluido, nos harían falta más a menudo.

Así que sin más, celebrando un día en la intimidad junto a mi eterna compañera, La Sole, que no me deja ni a tiros, levantaré una taza de café negro, humeante y sin azúcar hacia el cielo y brindaré por los ausentes, por aquellos de “tan cerca, tan lejos” que digo otras veces, con el infantil deseo de que de una vez por todas la Rueda de la Fortuna sonría al que cumpla lo que sea, aunque sean cien, cincuenta o veintiséis, y se dejen atrás viejas historias. Lástima que no sepamos, yo tampoco, olvidar como se merece la ocasión. A estas alturas ya no merece la pena revolver las aguas no vaya a ser que se pongan turbias
Aquel que cumpla, con quien cumpla en compañía, que sepa ver que detrás de cualquier ventana una sombra amable mira en la lejanía, en el recuerdo. Como todos los años. Como siempre, testimonial. Como desde siempre dejando que las cosas sigan como están. Mejor así.
Felicidades en el silencio. Felicidades dando palos de ciego. Por si acaso. Para otras cosas tengo peor memoria, aunque me acuerde de todo.

¡Felicidades, nen! Te puedes dar por felicitado.

2013: ALGO SIGUE OLIENDO A PODRIDO

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Bienvenido con pinzas al 2013 y adiós, por fin y de una puñetera vez, a este nefasto 2012 donde nos han dado más palos que a una estera. Se siente, se siente que estamos preparados para recibir al 2013 donde la alfombrilla, la estera, el felpudo de nuestros ánimos está aclimatándose para recibir más barros de estos lodos y más palos, porque dar palos nos los darán, no nos cabe ninguna duda, los que no dan ni un palo al agua. Acabaremos cornudos y apaleados, pero como dicen los castizos, antes de que nos den una ostia, o una hostia en la otra mejilla, algunos se van a pensar lo que podría ser darle el palo a algo o a alguien. A nadie que se sepa le gusta que le den el palo, que le coman la oreja después y que encima haya que dar las gracias para que no nos ninguneen.

Ser alguien, lo que sea. Los cinco minutos de gloria para salir del ninguneo nazional, caiga quien caiga y pasar a ser otro ser humano reivindicado que pueda lucir honorario y palmito a final de mes y nos pueda dar con la nómina en las narizes. Algo así como las promesas de los gobernantes con las que nos hemos quedado con un palmo de las mismas después de que nos dieran con la puerta de Europa en las mismísima pituitaria. Eso nos pasa por meter las narizes donde no nos llaman. Nuestro narigón, nuestra trompa elefantina, vascuence o chatina ya no nos vale ni para oler aunque muchos nos olíamos el desastre al que nos abocaban los Padres de la Patria. Tiene narizes la cosa. Las últimas trompas que preocupan al Estado son las de Noche Vieja, las de los conductores y las de Falopio porque la de Eustaquio lleva en desuso una temporada en las altas instancias donde se han quedado más sordos que una tapia.

El Mundo mundial aboga por acabar el año con el buen olfato que le caracteriza y nos regalan la oreja, sumado a lo que nos venderán después, con un suplemento para aprender alemán en diez mil lecciones que hará la delicia de estanterías, librerías y arcones, que es donde irán a parar si es que no acaban en el contenedor ecológico, llenándose de polvo y pasado el susto de la primera entrega. “Auffidersen” al coleccionable incluso antes de que hayamos pasado la primera página de la primera entrega con el reconcome del willcomen, fraülien Merkel, por narizes.

Para quitar la razón a una gran mayoría y ver cuál es la sinrazón de unos pocos astutos taimados, ser un mentiroso compulsivo es bueno para que la nazión vaya bien, a imagen de otros taimados le pene a quien le pene, que hasta hace muy poco, tanto Monti que Monti tanto, ¡Qué breys tienen algunos, pardiez!


Lo de la ley de emprendedores se está pareciendo a un aborto en toda regla, que eso de la ley del aborto es otra. Debe ser porque era de ley, de la ley de los que ahora son más fuertes porque les hayan votado los débiles. La ley de Brey. Que se recuerde, a los cuatreros se les colgaba sin juicio en el lejano Oeste, pero al Este del Oeste, ni por esas. Ni el amparo de una pensión digna nos van a permitir aunque lo que no se huelen, lo seguros que están en su poltrona esos forajidos, es que los de abajo estamos “un poquito” hasta las narizes de husmear en vertederos lo que arrojan los de arriba con el desparpajo que les caracteriza. Para ellos debe ser “un orgullo y una satisfacción” que los que están hasta los restos, con los restos se alimenten. Así sí que se puede saber a que huele un buen jamón. Pero que se sepa, nadie hasta la fecha ha vivido del aire aunque vivan con el aire que respiran
Más es lo más. Otro que se apunta al carro. Con buen olfato ha conseguido pegar un portazo a nacionalistas y al resto de la clase de tropa. Lo de la secesión comienza a quedarse aparte, como en la lejanía “más” cercana, para preocuparse de solucionar los problemas económicos y, lamentablemente, “sis plau”, toca llamar a la puerta de Madrid. Y si no, al tiempo que de quedarse aparte a aparte quejarse, hay un paso. Algún popular que últimamente se están volviendo impopulares por su falta de tacto y de olfato, comenta que “para algunas cosas este país son 17 países y para otras cosas somos una nazión”. Que no estamos ni a las duras ni a las maduras y se prefiere barrer para adentro porque los trapos sucios hay que lavarlos en casa y no hay más cera que la que arde. Aunque queme mal y huela peor.
Los bares, cafeterías, discotecas y pabellones empiezan a cargar cámaras y cañones para la noche que se avecina. Los mayas, los aztecas o los incas, qué más da, han vuelto a equivocarse y nos van a dejar disfrutar de la agonía un día más, una noche más. Mañana temprano veremos a qué vuelven a oler las calles de este país que no despierta de la resaca inmisericorde donde nos han abocado. Seguirá oliendo a lo mismo, a mierda, aunque suene mal, hasta que no nos dé por pasar la escoba y más tarde la fregona con lejía. O con sosa caustica aunque nos irrite las narizes.
La cosa tiene bemoles. Y narizes. Como decía el payaso triste: “Qué bien, que bien, yo leo a Kierquegard” o como se escriba, escriba de ágil pensamiento que columnas hay en cualquier medio virtual y escrito y todos llenos del mismo sinsabor. La languidez y la tristeza se puede oler desde lejos. Puestos así, cada uno en su puesto aunque no nos olamos por dónde nos van a venir los palos, “imprimátur”, entonces, y a pasar el trance. Nos leemos. Aullidos a La Luna lunera.


ESE MONTORITO, MONTORITO BRAVO, CAPITÁN DE LA MANADA.

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(En la foto, un ajpañó calentándose como puede en un piso vacío antes de que lo desahucien)

La amnistía fiscal que finalizó este lunes tres de Diciembre nos deja una doble lectura de cómo les funcionan las neuronas de estos “gobernantes kraus” que campan a sus anchas por la Castellana, que no hay manera de decirles “auffidensen” (no entiendan ni el idioma que les maneja ahora) y que no se caen de un “deguindo” ni a tiros.
No nos queda sino contentarnos con ver, de lejos, las dos caras de la moneda que el gobierno enseña a hurtadillas pero que no entrega (faltaría más, fraülien): la continuación de la evasión de impuestos en flagrante fraude a un pueblo que sigue teniendo almorranas (sufre en silencio hasta que nos cansemos y parece que no queda mucho lastre que echar por la borda. Ya no) y la captura y puesta a recaudo, relativo, de un facineroso oneroso y poco honroso, antiguo adalid majestuoso, oso amoroso de empresarios, haciéndolo coincidir el mismo día para despistar de la debacle, de la ruina y de la hecatombe a los de las hemorroides ya citadas. Y no pondrán un partido de furbor de milagro. Como siempre, que no escarmentamos y ya teníamos que estar acostumbrados. Y además nos parecerá bien esta nueva cortina de humo. Eso y que gane el Barça. O el Madrí.
Este país, acostumbrado a disfrutar de cuantos más puentes mejor, que ya tenemos por ahí fuera fama de vagos recalcitrantes (cría fama y échate a dormir, dirían, la siesta ajpañola, la mejor) se convierte en puente de plata hacia los paraísos fiscales para los defraudadores. Aunque alguno caiga. Eso no es si no la sal gorda y un parche poroso mal puesto. No se ha logrado recuperar todo lo evadido que el señor Montoro deseaba y eso provoca otro agujero de mil trecientos millones a las maltrechas arcas del estado. Que son tontos los tránsfugas ¿sabe usté? y se van a traer la panoja eludida y casi ni aludida (no nos cuentan qué cantidades, para qué) gracias a sus acuerdos de “esto pa´ ti, esto pa´ mí, esto pa´ ti…” desde los edenes fiscales donde duermen millones de eurazos mangoneados, robados, mangados y sustraídos de nuestra piel de toro a través de operaciones donde solo se han beneficiado los que ya sabemos y de donde sale perjudicada una enorme mayoría, incluidos sus aborregados votantes que parece que ¡por fin! le van viendo las orejas al lobo.
Ahora los inspectores de hacienda cercarán a los delincuentes declarados mirándoles con esos ojitos miopes que el gobierno les ha permitido para comprobar en un futuro si vuelven a meter la gamba. Nuestra Hacienda, a nivel del mundo mundial, no el panfleto, está justo la segunda después de Norte América en información al usuario, pero en lo de pillar a los chorizos deben andar por los cerros de Úbeda buscando las cerillas. Si faltan mil trescientos millones para los presupuestos, ¿De dónde los van a limar? ¿De nuevo de las pensiones y de los de abajo? ¿Dónde está ese dinero negro que no emerge, que saben dónde está pero que no nos lo cuentan? ¿Que es lo que quieren que veamos?, ¿la botella medio llena o medio vacía? Viene a ser como las entidades bancarias que todos los años nos hablan de pérdidas millonarias cuando lo que tenían que decir es que han dejado de robar, perdón, ganar tanto como el ejercicio anterior. Probes, que son unos probes los finanzieros.




Coincide el fin de este pírrico resultado del indulto fiscal con el encarcelamiento de Gerardo Díaz Ferraz, ex “capo de tutti capi”, ex CEOÉ (todos juntos: ¡oeeeé, oé, oé, oé!). El ahora detenido, llegó a declarar en su día: “Si queremos salir de esta situación de crisis solo lo lograremos, solo, trabajando más y cobrando menos, empresarios y trabajadores”. Consejos doy… Le han localizado en una de sus posesiones, sin contar apartamentos y yates de lujo, ciento cincuenta mil “napos” y un kilo de patrón oro al patrón de los patronos. Este patriota sí que se lo ha currado. Lo que pasa es que estos patrioteros de cartón piedra, porque la cara la tienen más dura que una piedra y los cartones que manejan serán los del bingo, no se han enterado todavía de que los que hacen patria, que dijo Machado, son los que están al pie del cañón a cada minuto, a pie del contenedor o con un pie en la calle por los desahucios salvajes. No los que ponen los pies en polvorosa. Debe ser que ese resto de ratas que abandonan el barco no vive en esta nazión, lanzadera hacia las Seychelles o al Coño de la Bernarda, y que me disculpe la susodicha.
Entre los socialistas de postín dedicados a agasajar todo lo suyo en vez de pelear todo lo nuestro, Carme Chacón en el homenaje de Peces Barba, pide que “los socialistas se levanten de una puñetera vez ante las injusticias” pero se ha olvidado de recomendar un disolvente que pueda eliminar el loctite con el que están pegadas sus justas señorías a sus puñeteras poltronas.
31.000 imputados. Lo mas curiosos de los treinta y un mil evasores que estaban fichados en teoría, es que los poquitos que han aflorado para beneficiarse de la amnistía fiscal solo tenían que ingresar un 10 por ciento como sanción. Pero es que ese 10 por ciento se extrae de los rendimientos de los intereses del capital evadido de los tres, cuatro últimos años del dinero que está oculto ya sea en Suiza o en Las Galápagos. Canasta gubernamental del gobierno. Eso sí que es un diez sobre diez. Y por otro lado ¿Qué pasará con las asesorías, oficinas jurídicas y bufetes que aconsejaron la evasión y los trapicheos? ¿Es perseguible? ¿Es de puñetera justicia? Lógicamente, sí. Pero lo que hace falta es que se lleve a cabo y se ponga detrás de los barrotes a estos leguleyos apandadores. Eso, si les dejan a los inspectores de Hacienda, funcionarios con el puesto tiritando a fin de cuentas y sin paga extra parea gastarla en un Corte de Ingles.




Todo esto sin sumar la involución sobre la Educación que el Maquinista de la Olivetti va a presentar esta misma tarde de martes, señor Qwert Poiuy, con el visto bueno de la curia y de los purpurados que ya se frotan las manos con las ayudas a los colegios concertados, sobre lo que deben estudiar nuestros canijos, de nuevo de rodillas, con los brazos en cruz y encomendándose para aprobar a la intervención de no sé qué beatífica figura como antaño (solo falta el brazo en alto). Y en qué idioma, que esa es otra (así andan los catalanes, abarretinats, encabronats y enfurruñats, si se me disculpa la licencia),
Lo del Maquinista de la Olivetti lo vamos a dejar para otra ocasión. Que se siga cociendo a fuego lento. La lengua catalana, gracias al decretazo sorpresa, pasa a ser no ya tercermundista sino a ocupar la cuarta plaza y no le vale para nada el artículo tercero de la constitución que cumple 34 añicos (la tenemos hecha añicos) para nada. De la cultura catalana ya había dicho Manolito Fraga en 1968: “Cataluña… la ocupamos en 1939 y estamos dispuestos a ocuparla tantas veces como sea necesario”. Aquí el difunto socio dando alas a los tanques de los generales alamanes como hace muy poco. Traidores no deben ser, que van avisando hace tiempo. Al loro.
De risa. Curiosilla la canción que, más o menos, decía: Vaya Montorito, ¡ay, Montorito guapo! Tiene a botines y no va descalzo. Vivir para Wert y Wert para creer. ¡Qué visión de futuro! Lo que era el Fary, cohone…, para que luego digan de la copla.

MIÉNTEME, QUE ME PONE A CIEN !

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A algún lameculos que otro, y no miro a nadie, que ni miro con mala leche (es un decir) a cierta prensa panfletaria al servicio de monclovitas genoveses ni miro con aversión, desprecio y rabia (es otro decir) a apoltronados sindicalistas que se rasgan las vestiduras un par de veces al año (si llega) en el único día que abandonan el trono, agrupan a la manada y hacen como que trabajan en cuanto ven que se les puede joder la subvención, y en cuanto acaba la multitudinaria manifa, pá casita que llueve, que hay merendola, furbor y mañana será otro día, juraría que se les podría llegar a oír ( imaginación que no falte, antes de que la prohíban), cómo rastreramente mascullan:
Nuestro bien amado presidente, adalid virtuoso, infatigable luchador, desenmascarador de entuertos, no miente ni ha mentido nunca en estos duros tiempos que le ha tocado vivir gracias a esa ponzoñosa, envenenada y dañina herencia socialista recibida. ¿Quién ha dicho que mentía si con el acierto y gracejo que le caracterizan, ese verbo elocuente y envolvente que usa y ese saber estar en los momentos difíciles, dando el Do de pecho, hacen de él una figura que a buen seguro será recordada en los anales de nuestra patriótica historia, caminando siempre con la verdad por delante, impasible el ademán y no escapándose ni ocultándose jamás de los jamases?”. Y no hace falta que lo digan. Son los gritos del silencio. Sabemos perfectamente de qué pie cojean y de qué palo van. En teoría.

Por una vez y sin que sirva de precedente tengo que admitir que estoy de acuerdo con el señor Rajoy Brey, con su gobierno y con los saraos que se montan susodichos y allegados. Que se les va a recordar por los siglos de los siglos y que nunca, digo y digo bien, NUNCA han mentido cuando decían que no iban a tocar las pensiones y que ellos no engañaban como los conchabados de los socialistas, eso es mas cierto que el evangelio de míster Rouco y sus coleguillas de la dominical hoja parroquial

La supuesta credibilidad en la Europa Merkeliana pasa por apretarse el cinturón, aquel que lo tenga, dejarse los pantalones bajados ante Bruselas para evitar trabajar dos veces mientras nos dan por donde amargan los pepinos y decir ininterrumpidamente “Sí, bwana. Sí, bwana” siempre que a los de más allá de los Pirineos se les ocurra alguna salvajada. Claro que como ese rasero parece que ni en sus tierras ni en sus landas se lo imponen y aquí queremos ser más papistas que el Papa y más europedos que la merkelita y sus secuaces, pues toca tragar carros y carretas. Que de fuera vendrán que de casa te echarán

Este presidente actual no miente ahora ni ha mentido jamás. Dijo en su momento que no iba a tocar las pensiones ni un tanto así y eso es lo que ha hecho, dejarlas inmóviles e inamovibles, claro reflejo de lo que es su gobierno: involucionista, carca y acomodado. Solamente mentes perturbadas y cicateras añadirán que no es compatible una exigua subida de un dos por ciento con la carestía de la vida y la subida de impuestos. Pero ¿NO ES MENOS CIERTO QUE TOCARLAS, LO QUE SE DICE TOCARLAS, NI LAS HA MENEADO DE SU SITIO?

Esto, para que mentes falaces opinen y nos demos cuenta que la Razón es el ABC de este Mundo, que este País está a la Vanguardia de Europa, que no guarda un As en la manga y Marca la diferencia que nadie nos podrá usurpar ni en Cinco Dias. La verdad es que ya no hay Público que aguante otro Jueves en esta Mongolia. Ni Diez Minutos ni una Semana más. Pero somos como somos y a quien Dios se la dé, San Pedrito se la bendiga, ora pro nobis, pecatoris que diría su excelencia purpurada de turno.

Esos mismos jubilados que yo oí renegar de izquierda, socialismo, hordas bolcheviques y de contubernios judeo masónicos días antes de la votación del nefasto 20-N del 2011, mientras salían de misa o de los Centros de Mayores supuestamente financiados por compasivas Cajas de Ahorro, suspirando porque “eso con Franco no pasaba”, que Shpaññña iría bien con plena confianza en la herencia aznarista volcada en la figura de un mal barbado señor Rajoy, son los mismos que empiezan a estar hasta los mismísimos huevos del copago, de la desatención a los dependientes, de ver cómo sube la vida pero sus pensiones se quedan atrás hechas una piltrafa y de bastantes cosas más. Y encima con los cuatro miserables reales de vellón tienen que mantener a hijos, nueras y nietos que se han quedado desahuciados o en el paro. De eso también tienen culpa gobiernos anteriores, por supuesto. Pero
¿Ahora se sienten engañados? ¿Ahora? ¿Hay que hacer entonces como hace la policía, que hasta que no hay cadáver no hay asesinato? ¿Tenemos que recibir más palos que una estera para empezar a repartir leña nosotros?

Tenemos lo que nos merecemos, resultado de lo que ha votado una gran mayoría y que no contentos con embustes, mentiras y falsedades vuelven a las andadas en los comicios autonómicos votando a los mismos lobos con piel de cordero que prometen el oro que cagó no sé quién, no vaya a ser que me llamen racista a estas alturas. Claro que, como en el cine: “Votad, votad, malditos” que mientras haya furbor… Panen et circenses y que nos quiten lo “bailao”, que sarna con gusto, no pica. Pero eso no quita a que esta olla a presión acabe saltándole por los aires al zarraspatroso que se nos ha colado en nuestra cocina. ¿Cuál va a ser la siguiente mentira? O mejor aun ¿Le queda algo en lo que pueda mentir? Pues puede que sí.
Cuidadín, cuidadín. Que a lo mejor lo próximo que nos dicen es que las dos Shpañññas se llevan bien y no hay ganas de volver al 36. Visto lo visto, como cada vez que abren la boca, la cagan, habrá que echar mano de la capa de Luis Candelas y tirar p´al monte.

Como las cabras. Así estamos. Encabronados.

TIERRA Y LIBERTAD (1994)

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TIERRA Y LIBERTAD (1994)


TÍTULO ORIGINAL: Land and Freedom (Tierra y libertad)
Coproducción GB-España. 110 min. aprox.
DIRECTOR: Ken Loach
GUIÓN: Jim Allen
MUSICA: George Fenton
REPARTO: Ian Hart, Icíar Bollaín, Rosana Pastor, Tom Gilroy, Marc Martínez, Frédéric Pierrot, Sergi Calleja

Sinopsis: Un joven comunista inglés(joven troskista anglo sajón, más bien) viaja a la península ibérica (a una de las dos Shpañññña, se entiende) y se une a un grupo de milicianos para pelear contra el franquismo en particular y el fascismo en general en tiempos de la Guerra InCivil Española.

"Si hubIésemos triunfado aquí, y se pudo haber hecho, hubiésemos cambiado al mundo".

Imagino que en el día 20 de Noviembre, que es cuando me sentado ante el teclado para pergeñar esta nota, lo más lógico sería cargar tintas enrabietadas y feroces contra Francisco Franco o contra José Antonio en su obituario, contra su Valle, su Placita allá por Oriente donde acuden impasible el ademán sus acólitos genoveses.

Imagino que lo más sencillo sería recordar la muerte estúpida y sin esclarecer de Buenaventura Durruti cuando acudía a poner toda la carne en el asador y toneladas de mala leche en los madriles. “Imagine”, que diría John Lennon. Pero imagino que de esos tres finados se van a ocupar como cada 20-N partidarios y detractores. Solución. Tirar por la calle de en medio y hacer una escueta introducción a esta muy aceptable cinta de Ken Loach “Tierra Y Libertad” que no me coge ni un tanto así de polvo en la estantería. Lo que son las cosas. Y con lo panfletaria que llega a ser.

Solo un imaginario más para entrar en la necedad de las guerras fratricidas, ahora que los ecos de Gaza todavía golpean los tímpanos. Cosas de hermanos o no. Comencemos sin divagar. Para tener hermanos como los sionistas, prefiero a cuñados tragabollos en Noche Vieja. Pero no muchos minutos, la verdad, que al final el empachado soy yo.

Imagino a George Orwell, (“Rebelión en la Granja”, “1984”) que se unió a la lucha española en las milicias del POUM en 1936, saltando de gozo si hubiese visto lo que Ken Loach ha ejecutado basándose en su libro "Homenaje a Cataluña". Ahí es nada el “docu-lo-que-sea” que le salió al director en planos viscerales, a veces minimalistas, huyendo de los estereotipos, de la grandilocuencia y de la flema británica.


No es una película más de nuestra guerra incivil. Va un tanto así más allá. Tan pronto vemos el ideal de unos luchadores infatigables unidos contra el enemigo común, el fascismo, con sus altas dosis de puerilidad (por qué no), con la ilusión y las firmes creencias en que todo esto se puede cambiar, que para eso se le llama revolución (en el país que sea, que eso es lo de menos), como a una izquierda enfrentada, a lo cual nos tienen muy acostumbrados, tirándose piedras contra su propio tejado, incapaz, como ahora, de aliarse y desgastando las energías de los suyos contra los suyos que bien valdrían para otros menesteres tantos sudores. Así que, mientras tanto, la derechona partiéndose el eje, para variar, a costa de los pringados de siempre.


Ken Loach nos transmite durante todo el metraje lo que son las guerras dentro de la guerra, en este caso parecen guerras de guerrillas con su nocturnidad y alevosía incluidas. El POUM y la FAI-CNT eran enemigos acérrimos del PC y viceversa. El fascismo es el telón de fondo, pero el enemigo que acabará imponiendo sus cretinas ideas implantadas desde muchos, muchos kilómetros de distancia, probablemente con los c*j*s calentitos delante de la estufa, es el del ejército comunista, muy bien pertrechado y organizado, en detrimento de sus “¿camaradas?” a los cuales no tuvieron ningún remilgo de perseguir, torturar, ejecutar y suprimir, incluido sus aparatos de propaganda, y que llegaron a expulsar a las mujeres del frente con un razonamiento que todavía se mantiene. La mujer vale para lo que vale: cocinar, fregar y tener hijos. Eso mismo que lo repitan en voz alta más de un huevón el 25 de Noviembre. Hay cosas que no cambian por muy de izquierdas que digan que son los de la peña. Y a eso se le debe sumar que en el conflicto de nuestra Piel de Toro tenían la revolución social como segunda prioridad, que eso era otra. Esto es histórico, demostrable y la cinta nos lo narra fidedignamente. Por eso lo de docu-lo-que-sea.


La película está dotada de un reparto internacional donde se puede ver a la española y futura directora Icíar Bollaín (Maite) en el rol de joven revolucionaria. ¿Un anticipo de “Libertarias”? Y atentos al dato que se resalta en la película, una incongruencia más del bando legal y leal a la República: había más armas en la ciudad de Barcelona que en todo el frente de Aragón. Ni pies, ni cabeza. Ni antes, ¿y ahora? Así no se gana al mus ni envidando a pares, juego y teniendo la treinta y una.

Otros dos datos muy interesantes y muy bien llevados por Loach, rayando el documental, insisto: La Asamblea Popular sobre la colectivización de las tierras y el desarme de los integrantes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM)

Se queda cojeando el final (que no desvelo) en una especie de pesimismo romántico. Y es este final el que deja el poso de la utopía como la llama de una vela que se debilita lentamente, pero que no se apaga. Quedémonos con la frase de los funerales: "Nosotros somos muchos más". Se supone, aunque a veces me hagan dudar de si eso es cierto, gracias a los que vociferan en manifestaciones tumultuosas, bien arropados por otros borregos y se tapan en “petit comité” cuando son pocos, nos pare la abuela y realmente son necesarios.


¡Ah, y lo del micro colgando de la jirafa no tiene perdón de Dios, señor Loach! ¡Hasta siete veces! Aunque reconozco la valía de la cinta, que no se la niego, si que me deja, todavía hoy, un pelín decepcionado. Será porque soy fan de Berlanga, vaquillas aparte. Será eso. O porque no aguanto discursos panfletarios o bananeros arengando a las masas desvalidas.

Pero, también, DE LA PELÍCULA HAN COMENTADO:

“Cuesta aceptar los logros de las revoluciones del POUM o la FAI-CNT en Cataluña mientras el ejercito Nacional atacaba otros frentes. Igualmente la Republica fue sentenciada por el tácito apoyo de Gran Bretaña a Franco, que defendió la no intervención y arrastro a los países de su área de influencia, como Francia, que aislaron a la republica. Este apoyo se vería recompensado por Franco con la entrega de concesiones mineras. Esa es una parte de la historia que Ken Loach no ha querido abordar”. (Carlos González, Filmaffinity).
“El brigadista, David, el protagonista (basado en Stafford Cottman, amigo de Orwell en los días de la guerra) nos llega a España con los ideales y el corazón en la mano para contemplar cómo la revolución es traicionada por sus compañeros estalinistas y oficialistas tomando conciencia, tras la aniquilación forzosa de su milicia (unas semanas antes de que Líster fuese enviado a destruir las colectividades en Aragón), del lamento anarquista: “Si hubiésemos triunfado aquí, hubiésemos cambiado el mundo” (Jabi, Filmaffinity)
Punto sobresaliente en la carrera del británico Ken Loach, es uno de los más simples y realistas retratos sobre la guerra jamás filmados. La cámara -lejana, en el estilo semi documental que caracteriza al cineasta- muestra la sordidez de las batallas en minúsculos pueblos donde el enemigo apenas se intuye. Aunque en tierra ajena, Loach pisa suelo conocido a través del protagonista de la historia: un desocupado miembro de la clase obrera británica. El film incluye un célebre debate político entre habitantes de un pequeño pueblo, una especie de pseudo-documental insertado en la ficción.


No obstante, nihil obsta, merece la pena visionarla aunque huela a docu-lo-que-sea. Imprimátur. Alea jacta est.

GAZA: No mires para otro lado.

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No sabe. No entiende. No comprende. ¿Niño o niña? Su reino no está en este mundo porque ya se lo habrían quitado con la vaga idea de crear asentamientos para la chusma apátrida y errante que siempre han sido esos mercenarios de un Dios que sigue de vacaciones. Un Dios al cual fueron capaces de eliminar por molesto y díscolo, por revolucionario y pobre y porque lo que menos importaba era si realmente firmaría como Hijo de Dios o como el hijo del carpintero. Estorbaba “el muy hijo de ***…” como estorban los habitantes de Gaza, por centrar geográficamente el dato, y punto.

Y punto y seguido. Este Dios que defienden, Dios de sus padres y de sus ancestros, de rancio abolengo y consensuado en Escrituras de difícil interpretación, cruel con cualquier pueblo que no sea el sionista y benefactor de estos nómadas del desierto no es el genuino si es que alguna vez hubo alguno real y no esos amigos imaginarios. Se asemeja más a un becerro de oro o a un cancerbero con pies de barro y bota militar. Ese Dios arcaico es el dólar, el Nuevo Shékel, el petróleo o el poder.

Estos apátridas, que no tuvieron más tierra que la que han robado se resguardan con el beneplácito y ayuda de las potencias salvadoras de la Libertad con mayúsculas, de esa Libertad de la que tanto presumen y que les llena la boca, y de la que sabemos que debe ser SU Libertad pero que está muy lejos de ser la Libertad de la mayoría (hasta ahí llega la pobreza de espíritu, comentan estos salva patrias). Todavía tienen fuelle para ver barras y estrellas ondeando detrás de la copia de esa estatua regalo de Francia y eso les vale para su razón de ser y que nadie ose toserles. Cortarían la gripe de cuajo y sin anestesia. Si la estatua pudiese hablar o moverse, ya hubiera emigrado a otros terruños echando pestes por la boca. Pero no la dejan. No estaría bien.

Desde la ignorancia del sueño o de los sedantes, si es que hay sedantes para la barbarie, este pequeño o pequeña nos mira con los párpados cerrados cómo los demás miran, miramos, miráis, para otro lado. Estas tierras y este viejo conflicto que sigue cobrándose vidas nos pilla demasiado lejos a pesar de que lo tenemos a la vuelta de la esquina.
Mientras, su pueblo es ejecutado lenta e inmisericordemente por los mismos que hacía pocos años condenaban las conductas xenófobas y su exterminio en campos de concentración en Europa en otra beligerancia alocada. Mal fortuito pero atajable. Una mentira más de las muchas que se oyen en cualquier congreso, senado o casa consistorial o parroquial. Tanto da que da lo mismo.

Se nota que sus asesinos, los de este pequeño aunque aun respire, los de los otros pequeños que ya no lo hacen, los que no tienen ya ni fuerzas para ello y los que sacarán fuerzas de flaqueza no se sabe bien de dónde, han aprendido, han aprehendido muy bien las lecciones de extirpar conductas, quebrantar cuerpos, destrozar ciudades, desgarrar y desmembrar territorios que nunca fueron de su propiedad y desarraigar lo arraigado. De ser desarraigados en terreno prestado saben algo estos mercenarios de la Verdad. De su Verdad. Y eso es verdad. Verdaderamente SABEN MENTIR Y MIRAR PARA OTRO LADO.


¿Qué puede hacer un pobrecito hablador como yo sino escribir corroyéndome las entrañas? Los que de verdad tienen la solución levantan altaneramente la vista por encima del hombro y miran de soslayo si sus bolsillos están bien cebados. Las fotos de Beatriz Egea del conflicto inacabable de la lucha entre Palestina (ahora Gaza es la martirizada) y los sionistas israelitas con el apoyo de países europeos y de los de la banderita de barras y estrellas, son espeluznantes y categóricas. No hay engaño que valga. Bueno, sí. Siempre hay engañados.

Al niño o niña de la foto le embaucarán y le mentiran. A la opinión pública, cercana o lejana, la manipularán y condicionarán. El político disfrutará con sus momentos de gloria altruista, infame, momentánea y se dejará corromper para llorar en público como una plañidera mientras se ríe como lo bellaco que es.
Pero algo está cambiando. Habrá más niños. Sanos, no sé. Sí más fuertes. Crecidos desde su debilidad, tornará la balanza a ceder bajo el peso de la razón y dar su justo merecido a tanta burla, muerte y destrucción. Al menos eso me gustaría pensar. Al menos…

Y si pudiese dar un aliento, una mano, una caricia a ese niño o niña que ya conoce lo que es la amargura sin que se lo hayan contado, o lo que buenamente pueda, desde la distancia, tan cerca, tan lejos, estaría ahí sin dudarlo